Cuando contamos una historia, aún sin poseer la cualidad de la coherencia en la sucesión de los hechos, narramos parte por parte: que si el clima, que si las aves que se posaron en el balcón antes de que sonara el teléfono, que si el camión que rompió con la armonía, que si la mala noticia, que si el desvelo en consecuencia. Uno a uno, enumeramos lo que sabemos, lo que recordamos o lo que nos contaron. Nos parece imposible decirlo todo simultáneamente. Sólo Borges se atrevió a proponer cómo sería un punto en el que todo estuviera al mismo tiempo, sin embargo, también tuvo que contarlo frase tras frase; imposible de golpe.

Andie Dinkin, Apócrifa Art Magazine-03 Andie Dinkin, Apócrifa Art Magazine-03

El Bosco ha trascendido por la forma en que pudo contar una historia hecha con otras más pequeñas. La foto periodística se distingue por capturar un momento central envuelto en otros momentos disponibles a la vista. Quien se ha dejado absorber por una página de ¿Dónde está Wally? sabe lo que es presenciar una polifonía de escenas, destinadas a ocultar a un hombre de lentes y suéter a rayas. En todos estos casos, quien está frente a la obra —Bosco, crónica, Wally— puede detenerse en un cuadrante diferente y descubrir personajes nuevos en cada ocasión.

Andie Dinkin, una angelina que ahora vive en Brooklyn, tiene el súper poder de imaginar cuadros cargados de ruido, acciones y rostros, y de plasmarlos sobre el papel en un caos armónico, como si fuera narradora de una novela coral que, si se le pone atención, puede leerse sin problemas. Desde hace un par de años, cuando se graduó con honores de la Escuela de Diseño de Rhode Island (RISD, por sus siglas en inglés), ha sido objeto de reseñas en revistas de prestigio, como Juxtapoz Magazine, y ha creado series de trazo elegante y altamente narrativo como «The Casino Murder Case Comic», «A Midsummer Night’s Dream» y «The Rotenberg Family». Además, tiene una fijación por la estética y la indumentaria de los años 20 y 30 del siglo pasado, tal y como Fitzgerald nos ha hecho imaginar a su Gran Gatsby y otros caracteres.

Andie Dinkin, Apócrifa Art Magazine-03

Sin la necesidad de globos de texto (a excepción de unos pocos en «The Casino…»), sus dibujos y pinturas toman vida justo cuando el espectador pasea su mirada sobre ellos, y hasta parece que de ahí nos llegan los perfumes mezclados, los olorosos licores derramados y el murmullo de una multitud que está junta, pero se olvida del prójimo cuando es momento de hablar de su propio drama. Tal y como es del otro lado del lienzo.

Para conocer más de ella, parte de su obra se comparte en www.andiedinkin.com, donde también se puede apreciar su coqueteo con el impresionismo, al estilo Degas, otro entusiasta de las multitudes y la luz.

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