Los Lobos de Samuel Kishi

Infancia y migración.

La infancia a menudo se retrata como un estadio repleto de inocencia e ingenuidad. Al hablar de de infancias y de lo que les es propio, solemos inyectarle una dosis rebajada de realidad, como si los menores y su óptica estuviera reducida por un velo que les impide notar lo cruento, lo grotesco y lo complejo de las circunstancias.

Los lobos (2019), largometraje del mexicano Samuel Kishi Leopo se lanza al abordaje de tópicos tan ríspidos como la migración y la exclusión social y lo hace desde una óptica muy particular: la perspectiva infantil. Por lo que el primer desafío de la cinta no solo es la verisimilitud narrativa, si no evitar caer en los clichés que pueden derivarse de retratar la infancia como un paraíso perdido. Sin embargo, el joven cineasta no solo sale airoso, además nos ofrece una cinta atractiva, conmovedora y reflexiva.

Tomando la propia experiencia de vida del director como elemento detonador, Los lobos nos muestra la vida de una familia que atraviesa la frontera en busca de condiciones para comenzar una nueva vida. Lucía migra a Estados Unidos junto con sus dos hijos: Max de ocho años, y su hermano menor, Leo. Mientras Lucía sale a trabajar, se ve obligada a dejar a los dos niños en una pequeña habitación que le ha alquilado a una pareja de ancianos chinos, el espacio además de reducido cuenta con apenas lo esencial, es ahí donde la imaginación de Max y Leo se desborda para narrarnos por medio de dibujos (que en la cinta toman forma de animación) su relación familiar y particular visión del mundo.

Durante su confinamiento, los chicos reproducen en una grabadora las reglas y lecciones de inglés que ha dejado grabada su madre. Con la promesa de conocer Disney los niños practican el nuevo idioma y acatan las órdenes. El desencanto ante la lejanía de ver cumplido este propósito, así como la soledad y el ocio, llevan a los niños a enfrentar la disyuntiva de romper los acuerdos y aventurarse más allá las demarcaciones del cuarto.

Entre juegos e imaginación desbordada, los niños van comprendiendo que han dejado atrás una vida que no volverá, mientras se van acoplando a su nueva normalidad en un entorno que les es ajeno pero atrayente. Los caseros y los niños circundantes del lugar se muestran por momentos distantes y crueles, pero también capaces de redención y solidaridad; lo que demuestra una solides en la historia para ofrecernos personajes redondos que nos atrapan e identifican.

Los lobos, Samuel KishiLos protagonistas de esta historia no solo nos resultan cercanos a medida que la historia avanza, sino que encarnan circunstancias sociales por las que atraviesan miles de familias que se ven orilladas a migrar. Kishi, convierte a las infancias en sujetos con voces y pensamientos propios que al igual que cualquier otro miembro de la familia padece y se adapta a modelos de vida de una hipermodernidad que cada vez obliga al desarraigo y la enajenación laboral como forma de subsistencia.

Los lobos es una cinta que rehúye de artificios y del melodrama abultado para narrar sus preocupaciones. En su lugar se muestra trasparente y directo, consiguiendo un efecto particular que no abandona la discusión de sus tópicos, pero que se sostiene en la sinceridad con la que traza sus personajes. No extraña que haya cosechado diversos premios en festivales internacionales como el premio del Jurado Internacional a Mejor Película en la sección Generation Kplus durante la más reciente edición de la Berlinale y los premios SIGNIS en el festival de la Habana.

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