Las calles moradas de Guadalajara

Las calles moradas de Guadalajara - Apócrifa Art Magazine

Las calles se tiñen de morado, y no son las jacarandas cayendo de los árboles, son cientos de mujeres con playeras, paliacates, moños, pañuelos, listones, faldas, o cualquier cosa que pueda ser visible y morada. Porque esta es una protesta que pretende inmovilizar a la ciudad para que entiendan la consigna: ninguna más.

La violencia en contra de la mujer ha tomado las ciudades, la sociedad se embrutece y las autoridades no pueden o no quieren responder. Ante esto las mujeres han tomado la voz, salen a las calles un 8 de marzo y las paralizan.

Los tambores se escuchan a lo lejos por toda la avenida Juárez, es el estruendo, la voz del reclamo, quieren que las calles vibren, que los muros se caigan, que los monumento desaparezcan, antes querían quemarlo todo, ahora quieren que todo caiga, y eso lo dice el tambor que no deja de sonar.

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Los rostros de ellas son de Unión, hay una especie de comunión entre todas, su furia está ahí, en los ojos y en los puños que ya están apretados antes de comenzar a marchar. Van en silencio, conteniendo el grito que será alarido en cuanto comiencen a caminar.

La revolución ha despertado y es morada, y va cargando pancartas terribles que nos dicen a todos las verdades que por muchos años no quisimos ver. La mujer ha sido violentada por la sociedad.

El silencio previo a la marcha inunda las calles. Mujeres jóvenes, adultas mayores, niñas, adolescentes, todas caminan juntas a la reunión, sus manos son una misma mano, sus bocas son una misma boca, sus ojos están llenos de furia y brillo, saben que han tomado la ciudad y que ahora es suya, saben que algo está despertando en ellas y en la sociedad.

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Esta marcha es sólo el inicio de algo que nadie puede llegar a comprender. Es el aliento contenido antes del grito. Aún no hemos visto nada.

El contingente avanza, va pintando los muros blancos de la ciudad, el olor a aerosol y la nube de humo que sale de las latas de pintura , las mujeres de negro que se dedican a esparcir la noticia: no nos van a detener. En los muros y en las banquetas las letras son claras, su mensaje es contundente: el estado es violador, no nos matan, no morimos, nos asesinan, #niunamenos, las palabras se van grabando en quienes pasamos en silencio siguiendo la marcha.

La unión entre todas es evidente, todas gritan y cantan cantos de protesta, su fuerza es innegable, son una marea morada que nadie detiene, las oficiales de seguridad, todas mujeres, sólo pueden caminar al lado del contingente en una especie de lazo que intenta proteger a todos: espectadores y manifestantes, pero ya es tarde, no han hecho bien su trabajo, ahora tienen que escucharlas, y atender a sus reclamos.

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La marcha llega a Rectoría de la UdeG y se vuelve más enérgica, las mujeres de negro que llevaban la voz de todas en sus latas de pintura comienzan a escribir sus denuncias hacia el acoso por parte de los maestros de la UdeG hacia alumnos. Las pintas no se detiene , el ambiente huele a aerosol, se percibe la nube de humo que sale de las latas. Es un grito rotundo que nadie puede callar.

La revolución es femenina y ha comenzado.

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