Los límites imaginarios: Arte y Censura

Cuando la consciencia del hombre se convierte en un delimitante para la expresión creativa, el arte es transformado en un medio de protesta que difumina los límites de la moral. Sin embargo, es común encontrar puntos históricos en donde la propuesta visual es eclipsada por un margen político, social o religioso.

La ironía es que al establecer esta frontera, es difícil saber cuál es la diferencia entre lo moral y lo obsceno. Al censurar una obra, una tenebrosa cuestión se plantea como un complejo paisaje cultural: sale de los límites de la imagen, y muestra una vasta cantidad de opciones sobre lo que deseamos expresar, criticar, negociar o establecer como parte nuestra identidad. La bifurcación entre arte y poder es obvia: El arte con filtro propaga ideas de estabilidad en tiempos de conflicto; mientras que la esfera emancipada opta por revelarse y desafiar al régimen en turno.

Andres Serrano
Andres Serrano, Immersions (Piss Christ) ,1987 Cibachrome / Plexiglás 165.1 x 114.6 cm

La autonomía de la obra.

El arte como acusación, protesta, el arquetipo de arte cimbra las bases del poder. La tradición de un arte comprometido se mantiene actualmente. Por otra parte, La “escultura social”, la coexistencia de las personas mismas es el objeto de la formación artística. Algunos artistas intervienen el área pública, otros se remiten a la referencia iconográfica.

Y a pesar de todo, la idea del arte como agenda política cuestiona si éste puede ser en realidad libre e independiente de cualquier obligación social.

Entonces, se ha llegado a un acuerdo con esta idea como el concepto de una autonomía radical del arte. Es por ello que como artistas, productores, curadores, directores y defensores de las artes, debemos preguntarnos: ¿Nos sentimos cómodos con el nivel de nuestra propia autocensura así como por las las instituciones y personas que nos rodean? ¿Qué nos impide hacer o decir algo? ¿Qué podemos aportar para obtener la libertad que nuestro proyecto necesita? Como consecuencia, el arte se convierte en un manifiesto social ampliamente visible.

Damián Ortega
Damián Ortega, Controller of the Universe, 2007 Instalación: Cable(s) y objeto
encontrado(s).

Es decir, el arte con o sin censura, comisionado o marginal, reconocido o anónimo devuelve al espectador una sublime provocación para así infiltrarse en su voluntad, dibujando lo que muchos no se atreven a decir.

Finalmente la ley y el arte son una contradicción, el arte no es un elemento apolítico. Su ponderada autonomía le da el poder de interferir en cualquier momento, la obra de arte avanza, se transforma y actualiza para convertirse en una instancia social creadora de sus propias leyes, embajadora de imaginarios colectivos que demandan la búsqueda de la moral en una sociedad poco susceptible a las consecuencias de la inconsciencia humana.

Tom Gregg
Tom Gregg, Red Flag, óleo sobre tela, 29.5 x 26.5 pulgadas, 2011

El fin último del arte, abandona lo bello como propósito y atiende a sublimar las emociones en un nivel espiritual. De esta forma logra revolucionar su función y además alcanzar a la audiencia en un nivel sustancialmente inadvertido.

Teresa Margolles
Teresa Margolles, II Papeles, 2003. Foto: Alex Schneider
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