Enfermar de realidad

Mohammad Ponir Hossain - Apócrifa Art Magazine
Img – Mohammad Ponir Hossain (Reuters)

Que los glaciares del olvido
Me arrastren y me pierdan, despiadados.

Jorge Luis Borges

He cometido el peor de los pecados. No se asusten, por favor. No vayan a creer que hablo de encender la televisión. No llegué a tanto, por suerte.

En cambio, y no sin cierto pesar, me asomé a los portales de algunos diarios. Tíldenme de blandengue, se los concedo. Incluso de ser un poco cínico, pues no me digno a cumplir aquello que tanto me ufano de seguir, pero no sean Uds. tan intransigentes. Que hay que concederle a la realidad esa característica tan propia de ella misma: su capacidad para introducirse por la mínima grieta, a la primera oportunidad.

El suceso no duró mucho. Apenas lo suficiente para calmar cierta languidez estomacal que me apremiaba desde el alba. Y es que abrí esas páginas como quien se asoma a la heladera y manotea lo primero que encuentra. Y sigue, sin freno, hasta agotar toda reserva y se tira en el sillón sin poder moverse, el vientre hinchado, las piernas abiertas, el rostro sudado y rojizo.

Ahora, queridos lectores, me siento enfermo de realidad. Y no tengo más opción que deambular por las calles de esta ciudad mugrienta. Asqueado de tanta actualidad, tambaleo en las esquinas, me doblo entre postes y cubos de basura. Tropezándome con las bicicletas y los monopatines eléctricos, me siento en las bancas de cemento a regurgitar sus rastros, arrojando sus recortes lo más lejos posible de mis rodillas dobladas. Intentando que la masiva fragmentación deje en el olvido los muertos por las inundaciones en España; los vehículos ardiendo en Puerto Príncipe; las consecuencias de los incendios provocados en El Amazonas y en un hospital de Río; la abogada argentina asesinada en su casa en México; los apagones en Cuba; y algunas más.

Que quede claro, entonces, que esta columna ha sido escrita bajo el influjo del embotamiento producido por un bruto empacho de realidad.

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