Electra negra

Black Mirror o de la tragedia contemporánea

Black Museum, el episodio final de la cuarta temporada de Black Mirror, debería ser considerado como la obra maestra de Charlie Brooker, creador y guionista principal de esta serie de culto. Se trata de la interpretación libre del cuento Pain Addict del escritor Penn Jillete, que se resuelve en una historia de venganza protagonizada por Nisch (Letitia Wright); adolescente afrodescendiente que busca reivindicar la memoria de su padre, injustamente condenado por un sistema penitenciario racista en Estados Unidos. Tenemos a una Electra negra.

Desde que el show fue adquirido por Netflix la calidad de los episodios disminuyó notoriamente, adaptándose a los patrones de las producciones norteamericanas. Episodios como Nosedive son sobreactuados, mientras que White Christmas explota intensivamente recursos explorados en las temporadas previamente transmitidas para la televisión británica. Con excepción de San Junipero, que presenta por primera vez en la saga las relaciones lésbicas entre dos femmes, la tercera temporada quedó mucho a deber.

Sin embargo, la cuarta temporada cuenta en su haber episodios que son ya clásicos dentro de la mitología de Brooker; tal es el caso de Arkangel, dirigido por Jodie Foster, que explora el lado ominoso de la madre controladora y los irónicos (y edípicos) daños emocionales de la falta de exposición a la violencia.

Por su parte, Black Museum relata la historia de Nisch, jovencita que se detiene en un desierto perdido de las carreteras estadounidenses y que, para pasar el rato mientras su automóvil se carga con energía solar, decide entrar en un gabinete de curiosidades que es justamente el “Museo negro” lleno de objetos originales que alguna vez fueron usados para cometer crímenes. El propietario, Rolo Haynes, recibe a la simpática visitante y le ofrece un tour por historias siniestras que mezclan la tecnología con los temas de lo posthumano: médicos incapaces de atinar a los síntomas de sus pacientes que emplean tecnologías empáticas para conocer la etología de sus malestares; Carrie, una madre de familia en coma cuya conciencia es transferida a la mente de su pareja, para ser más tarde depositada en el mono de peluche de su hijo; y, finalmente, la proyección holográfica de Clayton Leigh, convicto cuya conciencia es adquirida en el momento de su muerte por Haynes para servir de atracción principal en su museo de lo siniestro.

Sólo en este punto nos enteramos de que Nisch es en realidad hija de Leigh, mientras envenena, en un brillante giro de historia, a Haynes para descargar su conciencia post mortem y aplicarle el mismo castigo que el Estado impuso a su padre, acusado sin pruebas de haber asesinado a una joven caucásica: la silla eléctrica. Nisch obtendrá un souvenir de su visita: la conciencia de Haynes sufriente por toda la eternidad.

También sabremos que la conciencia de la madre de Nisch está descargada en su mente, y libera a Carrie atrapada aún en el juguete. Nisch, hija, madre, esposa y vengadora que libera a los oprimidos desde una ley matrilineal.

Black Museum es un episodio brillante donde se intersectan el género, la raza y la clase desde el conflicto entre justicia y venganza, lo que lo emparenta con las viejas tragedias griegas.

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