Shibboleth IV

Doris Salcedo y lo inenarrable

Theodor W. Adorno sostuvo que después de Auschwitz no era posible continuar escribiendo poesía: las palabras no podían dimensionar la magnitud atroz del genocidio. Pero los poetas no callaron, así Paul Celan, con las cenizas del sentido pulverizado por la violencia política, compuso Todesfuge y Shibbóleth, dos textos que tocan lo inenarrable. Años después de este debate soterrado de la diáspora judeoalemana, la artista colombiana Doris Salcedo recupera esta marca de la poética de entreguerras para dimensionar una violencia mucho más persistente y difícil de narrar.

Para esta original artista de la escena global, el arte no tiene como misión redimir la realidad ni el dolor: no hay en ella ninguna esperanza de dotar a los vencidos de la historia de una salvación estética. Si bien Salcedo ha trabajado intensamente con los relatos de víctimas y deudos de la violencia política en Colombia, particularmente en casos de desaparición y los falsos positivos, su proceso artístico no pone imagen al dolor narrado, sino que evoca la ausencia de las víctimas por medio de objetualismos y gestos conceptuales que otorgan a su labor una intensidad abstracta.

Doris Salcedo, La casa de la viuda

Doris Salcedo, La casa de la viuda

En La casa viuda, por tomar un ejemplo, Doris Salcedo presenta una instalación peculiar: se trata de un armario relleno de cemento que reposa, sobrecogedoramente, al lado de una mesita de centro. Diseño y función abandonan la ergonomía, y en su lugar tenemos objetos que dan testimonio de la dureza de la violencia que ha arrebatado, quizá, las vidas de sus usuarios.

Doris Salcedo, Atrabiliarios

De nuevo en Atrabiliarios, una instalación conformada por zapatos depositados en pequeños vitrales, similares a urnas, vemos lo que podrían ser zapatos de mujer, de niña, de niños, que conforman un ventanal forense a la historia reciente de los falsos positivos en Colombia: la práctica del ejército consistente en tomar campesinos, alejarlos de sus comunidades y dispararles en campos de batalla ficticios para incrementar la “eficacia” numeraria de la guerra del Estado contra el narcotráfico.

A la vez objeto y testimonio, las instalaciones de Salcedo muestran el hiato que hay entre la experiencia de la víctima y nuestra imposibilidad de acceder a ella precisamente por la ausencia de la propia víctima.

Doris Salcedo, Tate modern gallery, Shibboleth IV

Doris Salcedo, Tate modern gallery, Shibboleth IV

Pero es indudablemente la instalación Shibboleth IV una de las que, por su formato, oportunidad y espacio de exhibición, le han dado presencia global a esta artista colombiana. El shibbóleth era, según el antiguo testamento, una palabra que funcionaba a modo de contraseña entre la diáspora hebrea en su exilio, les permitía protegerse de sus enemigos ya que sólo los hablantes del hebreo podían pronunciarla adecuadamente. Salcedo, más allá de esta genealogía, realiza una pieza brillante y decolonial: asesorada por un equipo de geólogos reprodujo el diseño de una falla tectónica sobre la superficie del suelo del Tate Modern, museo contemporáneo de arte británico, la cual recorre desde la entrada hasta la salida de la institución, dialogando tensamente con su arquitectura. Esta fractura muestra la presencia de la historia colonial que atraviesa subrepticiamente la consolidación del arte moderno de Europa, que se cristaliza por medio de la destrucción de las comunidades ocasionada por la violencia colonial del capitalismo moderno. Con piezas como esta, Doris Salcedo posiciona lo inenarrable en el centro de su poética decolonial.

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