Que el diablo te lleve

Que el diablo te lleve - Apócrifa Art Magazine
Img – Mohammad Ponir Hossain (Reuters)

Durante varios siglos, la felicidad, la fecundidad, la filosofía, la fortuna,
¿no se hospedaron en una piedra?

Olverio Girondo

Todo texto es un intento de construir algo.

Y la imagen no deja lugar a dudas, queridos lectores. Aprovechemos la oportunidad que se nos brinda, pues, para analizar a detalle a estos obreros de la palabra. A ver si logramos, con la mayor de las suertes, arribar a alguna conclusión válida.

Observemos, en primer lugar, al joven de camiseta roja y pantalones azules: camina con normalidad, con cierta discreción que se desprende de sus ojos cerrados, de sus músculos ligeramente en tensión. Casi, casi, como si tuviera la certeza de que carga un texto sólido, instrumentado en seis niveles compactos y certeros. Lo que recuerda las seis condiciones de las que hablaba Antón Chéjov a su hermano mayor Alexander, en una carta de 1886 en la que especifica las condiciones para convertir un texto en una verdadera obra de arte:


1) ninguna monserga de carácter político, social, económico;
2) objetividad absoluta;
3) veracidad en la pintura de los personajes y de los objetos;
4) máxima concisión;
5) audacia y originalidad; rechaza todo lo convencional;
6) espontaneidad.

En el medio de la foto tenemos al joven de camiseta a rayas y pantalones a cuadros: es el único de los tres que recibe ayuda, que parece tambalear un poco y que carga con un texto que anticipa el desastre en sus formas desparejas, en sus contornos difusos. Lo que recuerda aquello de Pessoa en Libro del Desasosiego: “Es el error central de la imaginación literaria: suponer que los otros son nosotros y que deben sentir como nosotros” .

Y por último, tenemos al joven en cuclillas, reconcentrado, elaborando su texto con la paciencia de un monje tibetano, con la precisión de un instrumentista dedicado, de un profesional entregado a su obra como se le entrega el corazón –inocentemente– al primer amor.

Y no sé a Ustedes, lectores, pero a mí me recuerda estos versos oscuramente fuertes de Francisco de Quevedo:

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Para finalizar, pienso que un buen cierre puede ser este otro fragmento de la misma carta de Chéjov: Si no trabajas con desgana, creo que te saldrá bien, pero si eres un holgazán, que el diablo te lleve.

Repitamos:

¡Que el diablo te lleve! ¡Que el diablo te lleve, repitamos!

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