La función de las humanidades y las artes

Rafael, La escuela de Atenas, 1512.
Rafael, La escuela de Atenas (detalle), 1512.

Parte I

La escritura, las artes plásticas, el cine y demás manifestaciones artísticas se encuentran en ese apartado cultural mitificado en donde si no se alcanza el éxito se pronostica una vida llena de carencias y con dificultades para encontrar trabajo, vamos, que no se puede ser un simple oficinista con un título en artes plásticas o licenciatura en dramaturgia porque además de vivir infeliz y frustrado (porque qué artista va a vivir contento llenando formularios o atendiendo gente en una computadora) las habilidades que desarrolló en la Universidad o institución de formación difícilmente incluyen el curso avanzado de Excel.

De igual forma, en un mundo donde lo valorizado es el progreso económico y tecnológico, sin importar tanto el social, los artistas, creadores y pensadores pareciese que si no tienen algún tipo de aporte inmediato pueden ser pasados de largo. ¿De qué sirve una nueva novela?, ¿qué importa un nuevo estudio sobre literatura comparada?, ¿para qué estudiar intercambios culturales históricos entre un país y otro? Pareciese que las ciencias exactas y naturales así como los trabajos creativos que aporten a lo comercial, como ingeniería en diseño industrial, son lo único que tiene futuro para quienes decidan continuar con su educación y carreras como historia se convierten en un extra de la sociedad ¿quién necesita tantos doctores en Filosofía que egresan año con año de alguna institución universitaria?, pareciese que son como un caldo que se cuece aparte, fuera de lo real, en un universo intangible y complejo a los que sólo los “listillos” de escritorio tienen acceso. Un Doctor en Historia del Arte no va a encontrar la cura contra el cáncer, baterías inagotables o inventar nuevas formas de producción de carne, y mucho menos va a tener la mínima idea de cómo provocar la creación del nuevo iPhone… o puede que sí.

¿Pero entonces para qué estamos las personas de humanidades, aquellas personas que discutimos cosas banales como el feminismo, el lenguaje incluyente, el grafiti como manifestación o síntoma de algún fenómeno cultural, las comunidades indígenas y las distintas lenguas en el país?, ¿para qué estamos las personas que escribimos ficción, poesía, guiones, opiniones sobre el arte? ¿para qué están los pianistas, cantantes de ópera, pintoras y demás artistas si no producen objetos para las masas? Nadie se va a curar de VIH escuchando violín o leyendo una antología sobre literatura fantástica escocesa. Y sí, efectivamente, este gremio, este sector de la población no vamos a descubrir como viajar a Plutón y hacerlo real, pero posiblemente ahí esté uno de los puntos por los que existimos, porque la realidad es bastante compleja y si no nos detenemos a analizarla y adentrarnos en su significado no podríamos avanzar como seres civilizados, como el tipo de especie que consideramos ser, porque si no fuese por nosotros la realidad sería igual de plana y cuadrada como la queremos convertir, tan absurda como para pagar una cantidad ridícula por un teléfono celular que sólo usamos para llamadas y tomar fotografías de uno mismo. Quizás las humanidades no nos hacen más listos ni más inteligentes, pero sí contribuyen de manera muy grande a que no seamos vacíos, insulsos, simples, estúpidos.

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