La “empatía forzada” de Tania Bruguera

Desde el 2 de octubre y hasta el 24 de febrero del siguiente año se podrá apreciar en la TATE Modern una de las instalaciones más interesantes para los tiempos que se viven en países donde la población migrante aumenta considerablemente cada año, tal como ocurre con Inglaterra, Francia, Italia y, naturalmente, Estados Unidos.

Tania Bruguera - Tate Modern

Tania Bruguera es una artista cubana nacida en 1968 y su trabajo fluctúa principalmente entre Nueva York, Chicago y La Habana. Su obra, que ha sido duramente criticada por lo radical que parece para algunos, gira principalmente en torno a problemáticas políticas y sociales, sin descuidar la importancia estética en la representación de un acto artístico, provocando en los asistentes una inmersión absoluta en su obra, aunque esta parezca “forzada”. Bruguera sabe de instalaciones y performance, su carrera y trayectoria la han perfeccionado convirtiéndola en una de las más importantes exponentes del arte llegando, ahora, a ocupar un lugar protagónico en una de las galerías más prestigiosas del mundo; la TATE Modern.

Tania Bruguera - Tate Modern

Este año la Hyundai Commission brinda la oportunidad a Bruguera de crear la instalación que se aprecia en el Turbine Hall, espacio común donde una intervención de sonidos, luces y proyecciones visuales usualmente recibe a los asistentes de la galería. La propuesta de la artista de La Habana brinda una experiencia única y socialmente trascendental porque la única forma de apreciar la obra es en colectivo, un grupo de personas que para poder observar una de las piezas tienen que recostarse en el piso de la sala de turbinas para, con el calor que producen en conjunto, ver como emergen las siluetas de personas inmigrantes debajo de los participantes.

Tania Bruguera - Tate Modern

El título de la obra es un número cambiante que suma el total de personas que han migrado de sus países más el número de personas que han muerto en el intento de conseguirlo, por ello la intervención cambia de nombre continuamente. Así mismo, existe un espacio adicional, un cuarto al que los asistentes ingresan y un compuesto provoca las lagrimas que brotan de manera inevitable, sin razón emocional que las provoque.

Tania Bruguera - Tate Modern

La instalación busca forzar la empatía, como Bruguera lo formula, obligando al espectador a relacionarse con la obra si es que quiere apreciarla (las siluetas en el piso no se ven si no se hace el ejercicio en conjunto, el material con el que se creo la instalación está diseñado para responder de esta manera) o imponiéndose en el cuerpo del espectador (no hay forma de evitar las lágrimas por el compuesto orgánico y el título de la instalación se marca con un sello en las manos de los asistentes). El problema, quizá esté, en que en su búsqueda por forzar la empatía se desatiendan las emociones quedando como un ejercicio meramente físico hasta si es reflexivo.

Tania Bruguera - Tate Modern

De igual forma, Bruguera juntó a 21 personas que viven bajo el mismo código postal de la TATE Modern, creando un colectivo llamado Tate Neighbours quienes involucraran sus ideas sobre la vida en su comunidad local con la de los museos, incluso se puede leer un manifiesto que aparece cuando se accede al internet público de la galería.

Este tipo de propuestas que se enfocan en el tema de la migración han tenido una importancia cultural, artística y social bien recibida en los últimos años, tal y como ocurrió con Carne y Arena de Iñárritu que, si bien a la inversa es una experiencia individual, provoca en el asistente una empatía forzada por el ambiente, pero auténtica por la vivencia que genera.

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