La creación artística como trabajo

Parte 1

No sólo de aire vive el hombre y el marxismo –más no Marx– redujo el trabajo a lo mecánico, con una interpretación bastante liberal y moderna del mismo. Trabajo es aquel que implica el uso de una cantidad de fuerza física, no una concepción global y amplia más rica. En realidad, el trabajo no es otra cosa más que el intercambio energético que realizamos al llevar a cabo nuestras actividades como seres vivos. Retomando a Marx en un sentido más amplio, en el núcleo de su filosofía, la vida es el eje conceptual del valor; trabajamos para existir y no existimos para trabajar. La interpretación, siempre ambigua, de los comentaristas de Marx se reducía a la visión liberal clásica de “tiempo-vida invertido en un actividad específica”, cuando el tiempo-vida es totalmente subjetivo.

Creación Artística - Apócrifa Art Magazine
Robert Morris, Untitled (1965), reconstructed 1971

Si cambiamos de foco y lo vemos bajo un prisma físico, trabajo y vida van de la mano. Desde que despertamos hasta cuando dormimos, trabajamos. Pero hay trabajo remunerado y no remunerado.

Y éste es el quid de la cuestión. Si nuestra vida está rodeada de trabajo, si siempre hacemos intercambios energéticos naturales, ¿qué merece remuneración?, ¿qué no?

La teoría económica clásica tambalea. Dependemos de los otros. Las relaciones culturales y sociales se vuelven política y economía. El valor objetivado, planteado por la teoría marxista clásica, es un espectro ético y subjetivo. Cuando vives en carne propia las contradicciones del sistema capitalista voraz, te das cuenta que las teorías económicas que plantean alternativas son pobres. No sólo el campesino ni el obrero son el proletariado. La clase media también es proletariado. Los llamados intelectuales, académicos, los artistas, son proletariado.

Y sufren las reglas tácitas del sistema económico imperante con una diferencia –ilusoria desde una perspectiva fundamental del sistema– de salarios.

En el neoliberalismo –maleado por su opaca definición– los salarios y derechos laborales se redujeron a un punto crítico. La economía de “libre mercado”, basada en falacias disfrazadas de verdades absolutas, no aporta una distribución de riqueza equitativa. Entre las variaciones de precio, la competencia, y otros argumentos “objetivos” –como si fueran materia orgánica o inorgánica– han eliminado los privilegios de generaciones pasadas. Las reglas del juego se reescribieron y lo que antes era remunerado ahora sigue siendo trabajo pero sin valor económico.

Donde más claro podemos ver todo ello es en el arte. El arte en América Latina o es barato o es un hobbie. Pero pensar que detrás de la producción artística hay “mano de obra calificada” parece un disparate. El romanticismo y el modernismo reforzaron la idea. El arte es liberal. Sentarse a escribir no implica ningún trabajo. Escribir es resultado de la inspiración, no una reflexión o ejecución de actividades físicas y mentales específicas.

Los artistas tienen una posición ambivalente en la cultura globalizada hipermoderna. A ellos no se les suele considerar trabajadores calificados con un oficio, pero tampoco pertenecen a los vagabundos “inútiles”. Ellos utilizan el capital cultural que adquieren en una formación pedagógica específica (sea oficial o adquirida por la experiencia) e intentan explotarlo.

Muchos no lo logran. ¿Por qué no lo logran?

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