La creación artística como trabajo

Parte 2

La inutilidad, como expresó Byung-Chul Han en una entrevista para el País, recae en los individuos. Los individuos son los responsables de no “tener éxito” por carecer de capacidad para ello. El sistema, los contextos que lo rodean son inocentes. ¿Son inocentes?

Andy Warhol
Andy Warhol, Sopa Campbell’s 2da. edición, 1969

Las miriadas de artistas que mueren sobreviviendo como cualquier trabajador no especializado es un lugar común que todos conocemos. En el mito del artista individual, “libre” de la influencia de su entorno sociocultural, lo que se oculta es una visión ideológica específica de la producción simbólica necesaria a toda sociedad existente. En nombre de “la libertad creativa” hay quienes lucran con ella y los productores, en general, son los que más sufren las diferencias en derechos y retribuciones. ¿Cuánto vale tu trabajo? Poco o nada.

Pero no tomamos responsabilidad al pensar que nos limitamos únicamente a la creación. Nada más falso. Varios artistas han burlado las contradicciones internas del sistema. Ahí están Duchamp, Warhol, Koons o Hirst, entre otros. Súper estrellas dentro del “mundo del arte” que en nombre de la libertad creadora neoliberal, inculcada como el primer mandamiento del mundo occidental, ponen caca enlatada para su consumo, como Manzoni.

Piero Manzoni
Piero Manzoni, Mierda de artista no. 63, 1961

Mientras tanto, centros y espacios culturales, medios de reproducción y distribución de obras culturales –no sólo las de un sector especializado, “educado”, sino en el mismo pop y el consumo masivo– explotan sutil o descaradamente a quienes buscan tener una vida digna con su trabajo. Porque lo crean o no, es trabajo. Una obra nunca sale de la nada. Requiere de tiempo, educación, formación y recursos. A un albañil le pagan por construir una casa. Si lees un artículo ¿por qué construirlo debería de ser gratis?

Debes de aceptar el juego. Empiezas siendo nadie, creas un reconocimiento en el sector y terminas más o menos igual aunque hayas recibido un premio nacional en una sociedad donde, ¿a quién le importa el Villaurrutia de este año? Incluso, los mismos que participan del circuito del arte permean, en su propio medio social, los mismos procedimientos provenientes
del mundo corporativo y laboral.

En una época donde el “hazlo por ti mismo” suena como una opción más viable, requiere de los grandes medios de distribución y recepción para generar impacto. La realidad siempre es más compleja. El mercado cultural tiene tal sobreproducción en nuestro tiempo que crear esas redes –antes de resistencia– necesita de la ideología dominante para ser escuchada.

Que los artistas pop utilicen la fama, el dinero y el poder como temas para sus audiencias no es casualidad. Gracias a que hablan el lenguaje de la ideología dominante es que tienen una respuesta tan amplia. Artistas utilizan a las grandes disqueras a su favor, y además, proponen.

En nuestro tiempo no jugar bajo sus reglas es algo contraproducente. El sistema nos tiene agarrados de los huevos. Así que, artistas, pensemos más allá de la responsabilidad inmaculada de nuestra obra y valoremos nuestro trabajo porque sin nosotros no hay reflexión, ocio u esparcimiento.

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