Dr. Lakra: fetiches, humor y crítica social

Dentro del arte contemporáneo en México, la obra escultórica, fotográfica, y pictórica de Jerónimo López Ramírez a.k.a. Dr. Lakra, (1972) es sinónimo de transgresión relacionado con la cultura popular. Su inspiración surge de las manifestaciones sociales que sintetizan las creencias de la población mexicana y latinoamericana, y que son una fuente inagotable de remakes y de reflexiones inquietantes acerca de los fetiches, el humor, y la crítica social.

Asiduo colaborador de talleres y galerías independientes, Dr. Lakra ha expuesto su obra, de forma individual y colectiva, en numerosos países y espacios, lo que refuerza la vigencia de su discurso y la versatilidad de su obra. Sin duda, su nombre no pasa desapercibido, sobre todo al recordar el polémico mural que pintó en el túnel de la Loma Larga en Nuevo León, en septiembre del año pasado, motivo de quejas por parte del histriónico Frente Nacional por la Familia. No obstante, en una de las últimas exposiciones que el artista mexicano realizó en el museo Mario Testino de Lima, su capacidad de incomodar y de generar críticas asertivas respecto del contexto político, económico, social y cultural fue patente y sumamente divertido.

En la muestra, Dr. Lakra recuperó materiales “de desecho” recolectados en la capital peruana, con el fin de crear esculturas que representaran los contrastes entre la cultura de masas (con un perfil marcadamente estadounidense) y las deterioradas raíces étnicas de la sociedad latinoamericana. El resultado: falos tallados en madera que se erigen como cetros y símbolos de la dominación ejercida sobre la población local; collages de insectos que se semejan seres antropomorfos y seres antropomorfos que reflejan su verdadera naturaleza como insectos (como sucede con las referencias a los personajes políticos), numerosas instrumentos de guerra cuyos cabos son fragmentos de cuerpos, cabezas de buda o de animales que denotan su doble función como armas y totéms modernos.

Con estas intervenciones, Dr. Lakra logró que la galería limeña se convirtiera en un recinto de deidades que han sido profanadas y fragmentadas para dar paso a la época de nuevos dioses mezcla del capitalismo y la ironía que impregnan nuestras sociedades.

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