Dios fumigador

Dios fumigador - Apócrifa Art Magazine
Img – Pablo E. Piovano

Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrrerá.
Julio Cortázar

Ellos dicen masacre de Arequipa, o dicen desgracia en La Rioja, en Compostela o en Guanajuato, catástrofe en Cochabamba o San Luis de la Comuna. Usan palabras como justicia divina, merecimiento del infierno y que sé yo cuantas barrabasadas más. Para nosotros es lo mismo, o debería serlo, por supuesto.

Y es que en este oficio (que durante mucho tiempo fue calificado de poca honra), y aunque en los últimos años se lo puede considerar como esencial (gracias al esfuerzo y tesón de nuestro Honorable Sindicato), el verdadero profesional no debería dejarse engañar por ninguno de esos artificios, por más sutiles que puedan parecer.

Ahora bien, nuestro Honorable Sindicato me ha pedido que redacte unas líneas para el incentivo de las nuevas generaciones. Breves pero emotivas, son las siguientes:

Jóvenes valientes en cuyas manos descansa el porvenir de toda la especie: sepan que nunca antes en nuestra historia la lucha que encarnamos fue tan importante, tan poderosa y tan necesaria para todos los nuestros. Encontrarán muchos obstáculos en el camino, no les pienso mentir. Deberán prepararse para desoír las voces –cada vez menos frecuentes, es verdad, pero que cada tanto se alzan escudándose entre la multitud– que los calificarán de verdugos, de impadiosos y de poco contemplativos. Que nada los detenga en el cumplimiento de su único deber: el exterminio total de todas y cada una de las plagas que impiden nuestro desarrollo ininterrumpido y cuyas raíces se remontan al principio de los tiempos.

Sepan que el Honorable Sindicato velará por sus intereses día y noche, cada uno de los 134 días del año. Ahora bien, recuerden a los viejos fumigadores que han dejado su vida en el ejercicio de sus tareas, en las familias enteras que disponen de un lugar de esparcimiento donde las criaturas puedan echarse a andar sobre sus cuatro piernas o lanzar cometas con sus trece brazos, en las tierras conocidas por nuestros antepasados y las que quedan todavía por conocer. Aquellas donde nuestro reino imperará fecundo y próspero; y donde nuestros soles brillarán como fuegos eternos que no saben de ocasos ni de derrotas.

Que el Dios fumigador que todo lo huele y todo lo esconde, esté siempre con todos Ustedes.

Y que en sus mochilas nunca falte una buena dosis de veneno.

Escrito por
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