Diálogos

Diálogos - Apócrifa Art Magazine
Img – Hazem Bader ( AFP)

Escribir es como la droga que me repugna y tomo, el vicio que desprecio y en el que vivo.
Fernando Pessoa

Los miércoles voy a este taller literario. Lo dicta un escritor consagrado, al que todos respetamos y admiramos. Cada semana destroza mis textos, sin falta. Nada sorprendente, por otro lado, ya que para eso le pagamos. Para que nos humille frente al resto de los talleristas, que a su vez, también serán humillados cuando les llegue el turno. El acuerdo es así, una buena suma de dinero mensual a cambio de un poco de desprecio a mitad de semana y antes de la cena. Dicho de esta manera, parece un poco estúpido. Y seguramente lo sea, pero todo el mundo sabe que de alguna manera, humillación, rencor y venganza son parte vital del mundo de la escritura.

Ahora bien, en el último tiempo noté cierta unanimidad en las insidiosas críticas que mis textos reciben, semana tras semana. Olvidaba mencionar que no solo el profesor ejerce una moderada censura y una reprobación sin límites, sino que también todos y cada uno de los talleristas, envalentonados por el ejemplo del consejero, hacen lo propio.

Doy por descontado que en el origen de estas apreciaciones solo se encuentra el germen nauseabundo de la envidia, pero así y todo, he tomado nota de un aspecto que se mantiene invariable: los diálogos.

No son mi fuerte, lo admito. Por esa razón el profesor me ha dado este ejercicio. Me dijo que buscara una foto cualquiera e imaginara un diálogo. Como mi deseo de ser escritor es más fuerte que el desprecio que siento por las situaciones vividas en el taller, es que decidí intentarlo, finalmente. Aquí una transcripción del mismo:

Policía de verde, con casco y arma en la mano, dice:
–Oiga, compadre ¿dónde dijo que quedaba el baño?
Hombre de barba gris a la derecha, dice:
–Subiré esto a instagram y será un hitazo, se hará viral.
Policía de verde claro, con arma larga colgándole al costado, dice:
–Estimado compañero ¿me permite esta pieza? Hace horas que espero para bailar con la dama.
Mujer de lentes oscuros y cámara de fotos en la mano, dice:
–Hay mala luz, así es imposible, deberíamos haber traído los reflectores y el resto del equipo.
Hombre de rojo, tumbado en el piso, dice:
–Soñé que tocaba con Carlos Santana. En los coros estaban Madonna y Bono, Billy Sheehan destrozaba el bajo y Dave Grohl aporreaba los tambores. ¡Carajo! Me olvidaba la canción justo a la mitad. Paul McCartney miraba desde la primera fila y se le notaba el asco. Bob Dylan observaba los cuervos posarse sobre el escenario.
Mujer de lentes oscuros, armazones azules, dice:
–Sombrero blanco, camisa celeste y mochila rosa. ¡Qué atrocidad!

No puedo esperar al próximo miércoles, queridos lectores.

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