De las cosas sentidas

De las cosas sentidas

No existen cosas, pero sí cosas sentidas.
Fernando Pessoa

La guitarra de Hendrix, Prince o Eddie Van Halen. La batería de Ringo Star. El piano de Jerry Lee Lewis. Objetos que nos podrían parecer más o menos pesados. Cosas que nos podrían parecer más o menos valiosas. Piezas que nos podrían parecer más o menos cargadas de simbolismo. Extensiones del cuerpo cuya significancia es posible ahora, percibir a poca distancia en la exposición “Play It Loud: Instruments of Rock & Roll”, en el Museo Metropolitano de Nueva York. Y admirar como se podrían admirar múltiples y pequeños dioses formados en hileras, trepados en cúpulas dispuestas a tal fin. Con la minuciosidad y la armonía que solo puede brindar la obsesión del coleccionista, la maniática compulsión del amante fanático.

Si aplicamos el sentido de la frase de Pessoa (o más bien Alexander Search, uno de las muchas voces del portugués), estos elementos reconfirman su existencia por sí mismos. Y es que han sido tañidos con pasión, aporreados con vehemencia, ejecutados con precisión y con frenesí, manejados con deleite y claro, también con melancolía. De sus entrañas brotaron los sonidos que terminarían por trascenderlos, melodías que lograrían inmortalizarlos. Con independencia de sus habilidosos ejecutantes, de sus genios creadores.

Estas piezas de museo valen su peso en oro. Pero ojo que hablo de ese oro mucho más profundo que el conocido metal, que es el oro del corazón conmovido, de la música sentida del recuerdo y de la capa brillante con la que la memoria baña las etapas perdidas de la vida.

Borges elige, en una serie de conferencias brindadas en la Universidad de Belgrano, los temas sobre los cuales hablará a los estudiantes. El primero de los cinco escogidos es el libro. Entonces dice, entrecerrando los ojos: “Ese instrumento sin el cual no puedo imaginar mi vida, y que no es menos íntimo para mí que las manos o que los ojos”. O también: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro”.

A nosotros, si se nos permite el atrevimiento, se nos ocurre agregar la guitarra de Hendrix, Prince o Eddie Vah Halen, la batería de Ringo Star, el piano de Jerry Lee Lewis.

Es que este es el museo, queridos lectores, de las cosas sentidas. Las únicas que interesan, agregamos aquí, para finalizar.

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