De Chirico, entre la realidad y el sueño

Una de las exposiciones más sugerentes celebradas en Madrid, es la del artista Giorgio de Chirico (Volos, Grecia, 1888-Roma 1978), uno de los grandes maestros del arte del siglo xx, muestra que se exhibe hasta el 18 de febrero.

Debemos destacar como pincelada histórico-artística, que el movimiento metafísico cuyo máximo exponente es De Chirico, aparece como antecedente inmediato del surrealismo en la historia del arte prolongándose desde 1916 hasta 1921.

Giorgio de Chirico, El Trovador (1972), óleo sobre tela
Giorgio de Chirico, El Trovador (1972), óleo sobre tela.

En la exposición se puede apreciar las características de dicho movimiento en las distintas disciplinas artísticas abordadas por el genial artista, tanto en sus pinturas, dibujos, acuarelas como en sus esculturas.

Esta exposición en la Fundación Caixa Forum de Madrid del genio del arte metafísico, recorre la vida del artista jalonada por sus distintas etapas artísticas, aunque centrada en el período posterior a 1940, menos relevante, en mi opinión, que su producción del artista durante el período de entreguerras.

Estas obras recogidas en la exposición tienen un componente metafísico dentro de una atmósfera onírica que las hace realmente sorprendentes. Por tanto, el artista nos propone introducirnos en dicho ambiente, a partir de un ejercicio de reflexión e imaginación deslumbrante con elementos simbolistas en todas y cada una de sus obras, interactuando con el espectador.

Giorgio de Chirico, Aparición (1917).
Giorgio de Chirico, Aparición (1917).

La influencia filosófica y clásica se puede apreciar durante todo el recorrido de la exposición. A lo largo de las distintas obras del artista se recogen enigmáticas plazas renacentistas, maniquís humanizados con el rostro difuminado, cielos geométricos y muy densos, paisajes surrealistas, escenas o representaciones dentro de otros cuadros y una acumulación de objetos arquitectónicos, normalmente situados en el centro de la composición se presentan descontextualizados lo que, por momentos, le otorga un aire inquietante y enigmático al conjunto de la composición.

Debemos destacar el juego interior-exterior que incorpora ventanas en las distintas composiciones, donde se reflejan paisajes surrealistas o románticos, así como cielos geométricos.

Giorgio de Chirico, Los arqueólogos (1927), óleo sobre tela.
Giorgio de Chirico, Los arqueólogos (1927), óleo sobre tela.

Asimismo, en la exposición destaca sobre manera la serie de los antropólogos del período más relevante del artista. Dicha serie de cuadros, varias pinturas con parejas de maniquís que recogen en su regazo una gran cantidad de figuras y edificios de la antigüedad clásica. Dichos maniquís se encuentran en el interior de una habitación donde, según De Chirico, se encuentran muy cómodos, invitando al recogimiento necesario para todo artista y persona en el proceso de creación y de toma de decisiones. Es curioso como los surrealistas, rompedores en el período de entreguerras del que estamos hablando, critican a De Chirico el cambio que acontece en su obra al abordar la realización de esta serie de pinturas que se muestra en la exposición.

En definitiva, los juegos de espacio que podemos observar en los cuadros expuestos son absolutamente originales y llenos de creatividad, lo que invita a dudar si estamos ante un sueño o ante la realidad.

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