José Revueltas y la zona árida

“El desierto crece” esta frase se hace presente en cada uno de los textos de José Revueltas, el desierto se extiende en nosotros y fuera de nosotros, la zona árida comienza a poseerlo todo. Cada palabra es un proyectil que nos sumerge en una atmosfera pesada, densa, el clima es desolador, una especie de profundidad nos recorre, es la enormidad del tiempo, del destino, de la vida misma que nos aplasta. Es Dios que está en la tierra.

José Revueltas

El Dios de Revueltas es un Dios menos humano que el del imaginario actual, es un Dios milenario, más despiadado, sin promesa alguna, un Dios ancestral que se deleita en el sacrificio, que se desentiende de su creación, es un silencio eterno que pone a prueba pero no da recompensas, un Dios sordo, espejismo en el desierto.

La narrativa de Revueltas se afirma en su capacidad poética, misma que podemos encontrar a través de las acciones. Más que con sustantivos y adjetivos, es una construcción atmosférica mediante elementos predicativos, proverbiales, este es el motivo por el cual sentimos tan densa la atmosfera, no porque la imaginemos gris y lúgubre, sino porque la sentimos pesada, aplastante, tan nuestra, tan cansada, es como una angustia del ser derivada del hacer. Acciones que caen al vacío: un profesor que sacrifica su vida por el agua; un montón de soldados que viven furiosos en busca del agua; una comunidad cerrada porque quiere proteger el agua (cuento Dios en la tierra).

José Revueltas

La narrativa de Revueltas es un espejo furioso de nosotros mismos, un espejo sin tiempo que contiene el reflejo de todos. Cuando nos enfrentamos a sus textos no leemos un instante, leemos miles de instantes, los de la construcción de la humanidad, su voz es milenaria, en ella el tiempo se disuelve y da la sensación de que el desierto crece.

Leer a Revueltas es perderse en sí mismo, subir a la cuerda floja y ver hacia abajo, al precipicio que nos contiene y nos espera, una especie de puente hacia el abismo que se prolonga de página en página. Avanzar en la lectura es recorrer el puente, descubrirse del otro lado en espera de no sabemos qué, sentirse la humanidad entera. Revueltas no es un socialista, ni un ideólogo de la libertad, es más una especie de realidad innegable, una terrible verdad. Leer a Revueltas es sentir la boca seca, como costra vieja de tanta falta de agua.

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