Arte, performance y McDonald’s

En Chetumal, la ciudad donde crecí, no había McDonald’s. Cuando mi familia tenía la oportunidad de visitar una ciudad más grande, aprovechaba para ordenar, como cualquier niño de clase media, una cajita feliz. Una tarde, quizá en una sucursal de Cancún, a los cuatro o cinco años, encontré una banca con un Ronald McDonald de fibra de vidrio sentado en ella. Lo saludé cariñosamente, al borde de las lágrimas, creyendo que era un momento íntimo para ambos, sin saberme observado. En fin, mis padres siempre recurrieron a esa anécdota para ridiculizarme. Para esos mismos años en los que asociaba al payaso con un momento bochornoso, algunos artistas ya pensaban en llevar aquellas cualidades esperpénticas al extremo.

Si bien hay algunos antecedentes donde se reformulaba la iconografía de McDonald’s —John Baldessari o Banksy—, las piezas aquí citadas comparten una visión cáustica que pretende corroer los valores empresariales de la cadena de comida rápida. Empecemos con The Chain South (1998), de Nao Bustamante. Auxiliada por Miguel Calderón como camarógrafo, ambos artistas viajaron de San Francisco a la frontera México-EE. UU., filmando cada sucursal posible y haciendo cruzar una Big Mac de un país a otro, cual grasienta ofrenda binacional. La operación de Bustamante era evidente: trasvestirse como Ronaldo Mc Donaldo, subvirtiendo el nombre del payaso y mexicanizándolo. Como un híbrido entre road trip, documental y fake advertisement, el video captura el lado decadente de la mítica franquicia.

Con un énfasis aún más marcado en el activismo, Minerva Cuevas ideó en el año 2003 a Donald McRonald. Se trata de una caracterización grotesca del payaso realizada por un actor contratado, quien atraía clientes paródicamente afuera de una sucursal. La propuesta de Cuevas incide aún más en la denuncia al intervenir en el espacio público (la pieza fue activada en tres ciudades distintas). Su práctica artística, desplazándose entre distintos medios, culminó en la publicación de un cuadernillo para la editorial Alias, mismo que documenta el guión que Donald representaría, así como información varia sobre el consorcio.

Por su parte, Yoshua Okón desarrolló la pieza de video Freedom Fries: Naturaleza Muerta (2013).

En el video, Okón logró que un gerente de McDonald’s le abriese las puertas para realizar un rodaje nocturno en una sucursal. Posando sobre una mesa como una modelo para una clase de dibujo, una cliente con obesidad mórbida yace desnuda frente a una ventana. El artista mexicano hizo de la cadena de comida rápida una de sus tantas coordenadas histórico-geográficas del horror neoliberal, evidenciando los perturbadores tejemanejes de las corporaciones transnacionales. En conjunto, las estrategias artísticas para atacar a McDonald’s desde la práctica artística contemporánea apuntan hacia la performatividad, así como a la interacción del cuerpo consumidor con sus más de 35,000 puntos de venta a nivel mundial.

Arte performance y McDonald´s
Jake & Dinos Chapman Similar, Nuevos trabajos de rareza: McTrío. New Weirdness Works: McThreesome, 2016.

Más recientemente, una pequeña pieza escultórica llamó mi atención en el montaje inaugural del espacio Salón Silicón en la Ciudad de México. Se trataba de una versión anónima, similar, a precio asequible, de las apocalípticas instalaciones de los artistas ingleses Jake & Dinos Chapman. New Weirdness Works: McThreesome (2016), presenta a Ronald a gatas, a punto de ser sodomizado por dos neonazis erectos. La pieza «pirata» costaba 159 pesos, más o menos el precio del combo más abundante en McDonald’s. Aunque no se tratase de cuerpos vivos, la situación moldeada diríase performática: un escarmiento culminante para aquel hipócrita payaso.

Escrito por
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