Amigos

Un amigo - Apócrifa Art ;agazine
Img – Joaquín Tusquets

Como si la lengua de la infancia estuviera siempre cerca de su literatura
y fuera un fondo donde persistían las voces perdidas.

Ricardo Piglia

Leo mucho, todo lo que puedo. Incluso, en ocasiones, invento juntas urgentes de trabajo para sentarme en un café un par de horas y terminar una de las novelas de amor que siempre estoy comprando. También, por supuesto, estiro el momento lo más posible. Sólo para descansar de mi insoportable esposa. Y de las gemelas, claro, esas malcriadas niñas nuestras. Siempre he pensado que, si escribiera un libro, sería un éxito tremendo. Escribir me parece una cosa bastante simple, algo para lo que no se necesita ningún talento especial, ningún estudio. Ya quisiera tener la vida tan fácil como esos suertudos, con su vidita bohemia y sus excesos y sus depravaciones deleznables. Con ese estúpido gusto de aparecer sonriendo en los suplementos y en las solapas de los libros.

Ahora bien, tengo un amigo que sí escribe. Nos conocimos de niños, en la escuela del barrio. Nunca fue muy brillante que digamos, no destacaba en nada. Mostraba un desapego a casi todo, se diría que se aburría todo el tiempo. Perdimos contacto al salir de la secundaria, como es usual. Yo me mudé a la capital y compré un piso en la zona más exclusiva. Al tiempo me casé con Samanta y un par de años después nacieron las gemelas, esas princesas tiránicas, esos pequeños demonios de seda y trenzas dobles, de boquitas pintadas y llanto agudo, agudísimo.

Mi amigo, el que escribe, ya lleva una década publicando: un par de libros de cuentos y una novela. Negra, pero novela, al fin. Incluso ganó un concurso bastante importante. Voy siguiendo su carrera en secreto, tengo todos sus libros en mi biblioteca. Todas las colaboraciones, traducciones y ediciones especiales, cada una de las revistas literarias en las que suele aparecer. Desde entrevistas a pequeños ensayos.

Eso sí, nunca, en todos estos años, he leído una sola de sus líneas. Un día de estos abriré uno de sus libros.

De seguro, encontraré mi nombre.

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