Parce, J-Balvin

“El reguetón (…) es la expresión del pueblo.”
-José Álvaro Osorio Balvin

Parcero, parce, es la forma colombiana de “las clases populares” para referirse a un amigo cercano. J-Balvin se hace llamar así mismo parce como signo de identidad cultural popular en su país y con América como continente.

J Balvin, reggaeton
Img – Nacho G Riaza

La cultura popular no es únicamente el folclore impuesto por un estado para consolidar un proyecto de nación. No. Cultura popular son la expresiones espontáneas, las diásporas, el meme sociocultural que se transforma para interpretar y ver su mundo sin mediación de un agente-estado que intenta generalizar una cultura.

J Balvin, reggaeton
Img – Nacho G Riaza

En México, por ejemplo, el folclore nacional poco tiene que ver con una nueva identidad alejada de los modelos que el estado post-revolucionario implementó en la búsqueda de su unidad, perdida tras la revoluciónl. En su momento, el cine “de Oro” nacional, las chinas poblanas, el mariachi, el tequila, el muralismo y el chile pasaron a indentificarnos como mexicanos.

Hoy, la mayoría de jóvenes citadinos escuchan rap en español, inglés, trap, reggaetón o baladas; se viste como lo dicta Instagram, H&M, Forever21, o su propia cultura callejera (GOGAX) en un entorno globalizado. Nosotros, tenemos la banda, la salsa, la cumbia. No sólo nosotros, todo lo que conocemos como América Latina.

El rap de los 90’s desembocó en el reggaetón, gracias al sonido de Looney Tunes o artistas como Don Omar, Tego y Daddy Yankee, aunque éste venga originalmente de Panamá por los intercambios culturales del Canal para luego expandirse por América Latina en los “combos reggaetoneros” que hacían fiestas, bellaqueos (perreos), donde se toca, además, géneros como el dembow o incluso el dancehall (raíz del género, junto al dub).

J Balvin, reggaeton
Img – Nacho G Riaza

Nos guste o no, millones escuchan reggaetón sea cual sea la clase social a la que pertenecen y es parte de nuestra identidad musical. La genialidad de Balvin y su crew – un estilo escuchado mundialmente, que ha colaborado con artistas como Pharrell, Justin Biber, o productores como Diplo– es que revolucionó su sonido llenándolo de las más variadas tradiciones musicales propias, desde el Caribe hasta la música folclórica sudamericana con raíces africanas, sonidos de los ghettos del Bronx y los bajos tronados del trap de Atlanta.

J Balvin, reggaeton
Img – Nacho G Riaza

La importancia de nuestra música, no sólo de nuestro “pop”, sino de sus movimientos, su orígenes; la música que nos acompaña día a día, es la reafirmación de nuestra identidad “tercer mundista”, “en vías de desarrollo”. Es desafiar la mirada “del primer mundo” y decir: también existimos. Somos más que sombrerudos, narcotraficantes o “populistas”. Porque Balvin no es alguien que se apropie de la cultura, siendo siempre claro con sus influencias y la admiración a artistas con estilos totalmente dispares.

La música siempre romperá barreras. Un beat que nos mueve es una reafirmación humana. Somos diferentes. Cada cultura se expresa de maneras únicas. Pero todo arte tiene una unidad que nos lanza a un ritmo unitario, una singularidad que está tanto en una sonata de Scarlatti, como en los bajos del dub, o en un sample típico de reggaetón.

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