Alan Moore; El genio contestatario

Al igual que otros movimientos surgidos en el siglo veinte, el comic, deambuló por décadas en la frontera que divide el folclor popular del arte formal. Al día de hoy, continúan los debates en torno a la autenticidad del mismo como expresión artística propiamente dicha. Surgido ante la necesidad de crear modelos conductuales adecuados, exaltar el sentido de arraigo y en la medida de lo posible, solidificar el espectro de valores en la sociedad, el comic aparece en las primeras décadas de aquel “lejano” siglo de los cambios. En medio de un contexto que puede llegar a considerarse sexista, machista y hasta de homofobia, la instauración del comic como precursor del mercado que representa el arte pop, no puede encasillarse, ni juzgarse a partir del paisaje social de nuestros días.

The killing Joke

El nacimiento de las historietas, que guarda ciertos paralelismos con el de otros movimientos que dieron pie al concepto de entretenimiento como el cine, la televisión y los videojuegos, está marcado propiamente por el sentir y actuar de la generación en la que le tocó nacer. Una población necesitada de héroes, cuyas capacidades estuvieran más allá de los límites físicos, aptos para hacer frente a los problemas que un mundo en franco resquebrajamiento traía consigo. Guerras mundiales, autoritarismos radicales, crisis económicas y por si fuera poco, la masificación de aquel cumulo de malas noticias a través de los medios de comunicación.

Todo esto, en conjunto, sirvió como campo de cultivo para una nueva forma de expresión, que quizás sin pretenderlo, adoptó el papel de educador paralelo e informal de las generaciones más jóvenes. Generaciones que no veían en el presente, herramientas para construir un futuro esperanzador. A partir de ahí, el desarrollo y evolución de las historietas al paso de las décadas, fue evolucionando y sorteando etapas de un marcado descenso creativo. Pasando de la exacerbada idealización del héroe apegado a los ideales de occidente, a la ciencia ficción de los más variados niveles y llegando a un periodo de estancamiento en el que este naciente arte había caído hacia la segunda mitad del siglo pasado.

Alan Moore, V for vendetta
V for vendetta

A menos de cincuenta años de su irrupción en la cultura, el mundo del comic parecía cumplir con los pronósticos que habían vaticinado sus críticos más enérgicos tiempo atrás, según los cuales, se trataba únicamente de una moda, revolucionaria quizás en muchos sentidos, pero pasajera a final de cuentas. Al borde de una relativa extinción, la encomienda de sacar a flote el barco en pleno naufragio que representaba la ya asentada industria del comic, recayó en los hombros de una nueva generación de creadores que se desmarcaban de las tendencias y formulas caducas que no conducían a la innovación. De este boom de guiniostas, dibujantes y distribuidores, destacó un inglés que pareciese tocado por el azar para convertirse en el hombre encargado de llevar a la historieta a un nuevo nivel.

El nombre de esta figura mesiánica era, Alan Moore. Artista inglés con la rabia suficiente para reconstruir el perfil del héroe y desmitificar los valores con los cuales se regía el modelo de superhombre que el comic presentó desde su nacimiento. Moore, encabezó desde los setentas la vanguardia estética de la historieta moderna. Escudado en una estructura narrativa que rompía con las convenciones del género y anclado a diversas referencias artísticas, culturales y hasta científicas, el inglés se dio a la tarea de replantear el papel que fungía el protagonista de la historia, dando un giro de ciento ochenta grados a la paleta conductual del héroe arquetípico. Aparece en escena la figura del antihéroe, la versión del sujeto literario e histórico que se apega más a la realidad del ser humano común y corriente. Con acciones y decisiones tan debatibles como las que enfrenta cualquier persona en su día a día.

Alan Moore, the league of extraordinary gentlemen
The league of extraordinary gentlemen

En poco menos de veinte años, el trabajo de Alan Moore se convirtió en referencia obligada para iniciados y novatos en el tema, que ya para entonces, se denominaba moviente artístico. Conforme su obra fue acrecentándose, Moore definió un estilo provocador que hizo de la protesta y el descontento su principal arma para estructurar historias cuyo arco dramático resultaba cada vez más complejo e impenetrable. V For Vendetta o The Killing Joke son el ejemplo perfecto de ello. Obras que lograban la aceptación de los sectores más radicales de la crítica, a la vez que cumplían con la meta principal de un sector que requería de las ventas y la popularización para recobrar la salud económica que años atrás había perdido. Alan Moore, ya bien entrada la década de los ochenta, era el estereotipo de la estrella mediática en el mundillo del comic y demás subculturas urbanas surgidas a su alrededor.

Aunque sin duda, la obra que terminó por encumbrar a Moore en la elite de la creación artística moderna, fue la icónica novela gráfica, Watchmen, de 1987. Un guion magistral, complementado por la tinta del dibujante Dave Gibbons, y el entintador John Higgins. Publicada originalmente en una docena de números que vieron la luz entre 1986 y 1987 y que concluyó con el lanzamiento de la obra en el formato de novela gráfica. Aclamada mundialmente y a menudo considerada como el mejor trabajo en la historia de los comics, Watchmen representó el parteaguas de la disciplina. En esta narración obscura, Alan Moore se interna en la estepa de la naturaleza humana, plantea diatribas filosóficas y alude a la complejidad del tiempo como tótem que llena de sentido su historia.

Alan Moore, Watchmen
Watchmen

Filosofía, matemáticas, física nuclear, psicología, antropología y un largo etcétera, confluyen en Watchmen. Pero a decir verdad, lo hacen en la obra completa del maestro Moore. Así pues, no desentona el calificativo de científico materialista entre la larga lista que se le adjudican por parte de seguidores y detractores. Clasificar a un hombre como Alan Moore, más allá de su obra artística e intelectual, resulta casi imposible. Pues al más puro estilo del calco renacentista, los intereses, inquietudes y aportaciones del inglés, apuntan en muchas direcciones. Encasillarlo en una sola, sería coartar su innegable legado.

Mención aparte, merecen las diversas adaptaciones cinematográficas que se han realizado de algunas de sus obras más destacadas. Desde From Hell de 2001 hasta   i en 2009, pasando antes por The League of Extraordinary Gentlemen de 2003 y la impresionante V For Vendetta de 2006. Aunado a ello, se cuentan por decenas las referencias hacia Alan Moore realizadas en contenidos de índole diverso que han ayudado a construir su leyenda como estandarte de la cultura popular. Dato curioso, el hecho de que él jamás ha estado a favor de las adaptaciones de su obra a la gran pantalla, emitiendo casi siempre criticas mordaces contra el producto final. Esto ha hecho que Moore se gane la reputación de uno de los creadores originales más difíciles de satisfacer.

Alan Moore, Watchmen
Watchmen

Lo que pasó con el genio de Northampton luego de esto, puede ser motivo de opiniones polarizadas que van desde la crítica irrisoria hasta la veneración casi religiosa en torno a lo que su imagen representa. Su obsesión con el mudo de la magia y el esoterismo, su particular estilo de vida, caracterizado por la austeridad y repulsión mediática y por supuesto, su involuntaria vinculación a movimientos supuestamente contestatarios surgidos a partir de la profunda crisis económica que azotó el nuevo milenio y la proliferación de internet como bandera del cambio en la concepción de lo que libertad y apertura representan. Lo que queda claro, más allá del personaje, es que Alan Moore merece por sí mismo un lugar entre los hombre que han dado forma a la realidad cultural e ideológica que nos envuelve.

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