Marauder

O cómo evolucionar y retornar exitosamente

Franz Ferdinand, Arctic Monkeys y, ahora, Interpol. Tres de las bandas más representativas del rock independiente han lanzado su nuevo material este año, pero, a diferencia de las dos primeras agrupaciones, parece que a Interpol le ha venido bien esta nueva presentación.

Marauder Interpol

Todo comenzó cuando Franz Ferdinand lanzó su último trabajo Always Ascending. La banda, que en ese entonces mantuvo las expectativas altas gracias a Right Thoughts, Right Words, Right Action, tuvo que lidiar con la ausencia de su guitarra rítmica y pilar de la banda: Nick Mccarthy; por lo que el grupo apostó por el arriesgado pero necesario camino de la evolución, integrando a dos nuevos y jóvenes miembros. El resultado fue un desastroso y fallido intento de actualización. Por su parte, Alex Turner y sus Arctic Monkeys presentaron Tranquility Base Hotel and Casino, un disco que, en vez de seguir con la inercia de su trabajo anterior, vaticinó lo que muy probablemente sería el último aliento de la banda.

Marauder Interpol

Pero Interpol ha regresado más vivo que nunca y, a diferencia de las dos agrupaciones anteriores, han conseguido superar las pocas expectativas que se tenía sobre Marauder. Que si eran monótonos, que si la salida de Carlos Dengler sería el inicio del fin, que si el trabajo de Paul Banks como bajista era una simple simulación, o incluso, que si El Pintor era un intento desesperado para cubrir dicha ausencia. Es así como la banda parecía haberse perdido en un camino sin retorno a la creatividad de sus dos primeros discos. Marauder no sólo rompió con los falsos prejuicios, sino que también, a diferencia de lo ocurrido con Franz Ferdinand, demostró su capacidad para sobrellevar los obstáculos y acoplarse a sonidos renovados.

En If You Really Love Nothing la banda nos da la bienvenida con, posiblemente, uno de sus trabajos mejor elaborados. La conjugación entre las guitarras de Banks y Kessler, acompañada por el pulido y nítido tempo de Fogarino, nos presumen de la habilidad de la banda para dominar los tres diferentes ritmos de la canción. Por su parte, la sencilla pero pegajosa melodía de Kessler en The Rover, nos aleja del post punk que Interpol nos tenía acostumbrados, para entrever su lado más indie rock. Separado por apenas un pequeño interludio, la segunda parte del álbum, compuesta desde Mountain Child hasta Party´s Over, es acaparada por la maestría y las baquetas de Kessler, y si no me creen, sólo escuchen su increíble trabajo en Number 10.

Este 2018 nos ha consentido con el retorno de grandes bandas y sus nuevos trabajos. Gorillaz, Arctic Monkeys, Franz Ferdinand, Florence and the Machine. Para decepción de muchos, algunos de estos trabajos no lograron superar, o por lo menos alcanzar, las expectativas de sus trabajos anteriores; pero en medio de un mar de proyectos apenas rentables o aceptables, Interpol ha logrado darnos el primer y posiblemente único gran gusto de este año, y Marauder es el gran ejemplo que toda banda debe seguir para consumar una verdadera reivindicación.

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