Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente.
Octavio Paz

Si hay dos certezas en la vida, una son los impuestos y la otra es la muerte. Algunos no piensan en la segunda más que cuando un ser amado o algún conocido se va; otros, piensan en ella todo el tiempo e incluso la ven por todas partes, como si ésta les siguiera cual sombra. Otros más, van en busca de señales que les indiquen su sino, que les permitan saber cómo y cuándo se irán de este mundo.

Julio Galán (1959-2006), brillante artista nacido en Múzquiz, Coahuila, constantemente comparado con Frida Kahlo, siempre se sintió cercano a la muerte. Desde niño conoció la depresión y la tristeza, y supo que su válvula de escape sería la pintura; se deslindó de las comparaciones con Kahlo afirmando que su sufrimiento era del alma y no físico, como el de la pintora.

Julio Galán pintor, Apócrifa Art Magazine
Niños insensibles con pensamientos de muerte al amanecer (1982), óleo sobre tela.

A pesar del sufrimiento que rodeaba su existencia, Galán se dio tiempo para observar la vida desde una perspectiva jocosa y divertida, que arranca la sonrisa, sea ésta discreta o plena. Sin importar lo inmenso del dolor, de la tragedia puede surgir la comedia, porque en ocasiones el llanto es la antesala de la risa, de la misma forma en que la muerte, según algunas culturas, es la antesala de la eternidad y, por qué no decirlo, de la inmortalidad.

Julio Galán pintor, Apócrifa Art Magazine
Muerte con guitarra (1983), óleo sobre tela.

Julio Galán fue, si no el máximo representante, sí de los más sobresalientes personajes del neomexicanismo, movimiento artístico surgido en los años ochenta que se caracterizó por la recuperación de los símbolos de nuestro país, pero plasmados con tintes kitsch, como una nostalgia que más que enaltecer una historia de bronce, nos muestra el lado infantil y lúdico de la iconografía mexicana.

Julio Galán pintor, Apócrifa Art Magazine
Niño fingiéndose muerto (1985), óleo sobre tela.

Esta corriente, a su vez, se caracterizó por la inclusión de frases y textos que, en la obra de Galán, eran un reflejo de su interior, de sus tristezas y sus miedos, de su profundo temor a la muerte. El artista fue cliente asiduo de lectores de cartas y practicantes de las artes adivinatorias, pues deseaba conocer los pormenores de su destino y, por supuesto, el momento y las circunstancias en las que abandonaría el mundo terrenal, lo cual aparece recurrentemente en sus cuadros, aunque de forma velada en algunos de ellos.

Julio Galán pintor, Apócrifa Art Magazine
Sácate una muela (1994), óleo sobre tela.

Se dice que, en una lectura de cartas, Julio Galán supo que moriría joven y en un avión. En un vuelco irónico y trágico del destino, el 4 de agosto de 2006, el artista murió en un vuelo a causa de un derrame cerebral. Aunque sus temores al final parecían bien fundados, Galán vivió plenamente a través de sus pinturas, en las cuales nos legó partes íntimas de su ser, y sin duda alguna consumó una frase pronunciada por él: soy adicto a mí.

Julio sabía de la vida y de la muerte porque estaba encadenado a ambas. Estuvo atado a sus temores, pero a la vez a sí mismo, aferrado a la vida de una u otra forma, hasta que llegó su liberación: la muerte vaticinada que soltaría aquellos eslabones invisibles y gracias a la cual podría, al fin, entregarse a la libertad que tanto ansiaba.

Julio Galán pintor, Apócrifa Art Magazine
Me quiero morir (1985), óleo sobre tela.
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