El tesoro de Cerámica Suro y el coleccionismo

¿Es el coleccionismo un impulso consumista producto de una cultura capitalista incontenible o un acervo para la cultura y la educación?
La respuesta se encuentra en la colección, pues en ella se asoman los rasgos personales e íntimos de su dueño, de tal manera que generalizar sería un error, ya que han habido todo tipo de coleccionistas en la historia de la humanidad. Pero rascando un poco en las teorías que tocan al tema, resulta muy sugestivo compararlas con el acervo de Marcela y Noé Suro, el cual se encuentra exhibido en el Museo de Arte Zapopan (MAZ) hasta marzo de 2022. Pero antes de armar una respuesta más concreta, entendamos esta práctica.

Una colección es un grupo de objetos seleccionados que pertenecen a un sistema regido por los criterios de su dueño. En la época pre-internet, la mayoría de los coleccionistas de arte también eran mecenas, y su participación incluía un involucramiento personal y emocional. Pero las sociedades de consumo, los medios de información desmedidos y el enriquecimiento brutal de algunos han extendido la distancia entre el artista y el coleccionista, y en muchos casos han recortado el propósito cultural de una colección para reducirla a un objeto para los reflectores y el poder.

Colección de arte Suro - Museo de Arte de Zapopan
Imagen cortesía de Museo de Arte Zapopan

Es aquí donde es justo detenerse en la colección de la familia Suro porque es precisamente lo contrario al desbordamiento del mercado actual. José Noé Suro es dueño de Cerámica Suro, una fábrica que heredó de su padre y cuyo propósito productivo encaminó hacia la confección de cerámica y otros materiales para el arte. Sus esfuerzos por atraer a un artista, luego a otro y así consecutivamente, dieron por resultado no solo incontables casos de colaboración en el medio del arte contemporáneo y la expansión de la fábrica, sino la creación de piezas de altísima calidad y esmero artesanal por llevarlas a cabo sin importar la dificultad de la intención de cada artista. Mucha gente con quienes trabajó en el inicio de esta aventura son ahora artistas consolidados, y es de imaginarse que gran parte de su colección es producto de esas colaboraciones, pero también de la amistad que junto con ellas construyó.

Ahora bien, las colecciones de arte en general hablan de la relación de su dueño con los artistas, pero también dan cuenta de muchas cosas más. Baudrillard en El sistema de los objetos decía que los objetos ‘desempeñan un papel regulador en la vida cotidiana, en ellos desaparece mucha neurosis, se recogen muchas tensiones y energías en duelo’.1 Así, los objetos que se van coleccionando se recontextualizan en el plano íntimo. De tal manera que el consumo de esas piezas, al ir configurando un grupo, tiene una proporción más profunda que el gasto banal e inútil. Adquiere dos dimensiones: la funcional y la inmaterial (fundada en el plano de la intimidad). Lo funcional se da en la medida en que se crea el grupo de objetos, y por tanto un sistema, porque citando otra vez a Baudrillard sobre los objetos, su funcionalidad se da en tanto se adapten a un orden o a un sistema, o sea, radica en ‘la facultad de integrarse a un conjunto’.2

Colección de arte Suro - Museo de Arte de Zapopan
Img – Susana Cabrera

Lo íntimo comienza cuando el coleccionista novato (o no) va colocando las piezas en su entorno, es decir, la intimidad yace en el interior de aquellas paredes dónde cohabitan las piezas y su dueño. Aquellas paredes que fijarán la memoria más íntima del coleccionista harán igualmente un diálogo interno y perenne, especialmente si tomamos en cuenta que aquél selecciona los objetos de su colección arrastrado por sus legados, gustos y principios. Según Adolfo Vásquez Rocca, en su artículo “El coleccionista y la genealogía de la intimidad”, ‘las imágenes de la casa están en nosotros porque nosotros estamos en ellas. En un sentido práctico, puedo comportarme humanamente hacia un objeto sólo en tanto el objeto se comporta de manera humana hacia mí. El objeto es significativo en la medida en que es rico en historia y en asociaciones imaginarias y reales’.3

Es entonces que coleccionar arte no es solo una experiencia de acumulación de objetos, sino (además) una experiencia estética que dota de forma, sentido y sintaxis a la interioridad.

Y volviendo a su función como sistema, la colección es como el lenguaje: está formado por signos, donde cada signo, según Derrida, halla sentido en otro signo. Las coincidencias y discordancias de los objetos le dan sentido y movimiento al orden, pero también permanencia. Por ejemplo, la colección de Cerámica Suro que vemos en el MAZ está compuesta por muy diversos artistas contemporáneos, pero hay una presencia importante de la escena local y nacional, cuyas piezas fueron adquiridas (muchas de ellas) en su etapa emergente, lo cual deja ver la confianza de los Suro en la escena local y el compromiso y respeto con su ciudad natal y su país, con artistas como Jose Dávila, Gonzalo Lebrija, Cynthia Gutiérrez, Jorge Méndez Blake, Gabriel Rico, Teresa Margolles, Minerva Cuevas, Daniel Guzmán, Gabriel Orozco, Miguel Calderón entre muchos otros. Y de la escena internacional, hay una mezcla muy interesante, todos ellos significativos exponentes tanto veteranos como jóvenes del arte contemporáneo, como Baldessari, Adam Pendleton, Mike Kelley, Jason Rohades, Vivian Suter, Thomas Glassford, Thomas Hirschhorn, Walead Beshty, por mencionar solo unos pocos (ya que hay piezas de casi 200 artistas), la mayoría de los cuales han construido de la mano de Noé y sus artesanos muchas de las piezas que vemos en la colección.

Colección de arte Suro - Museo de Arte de Zapopan
Imagen cortesía de Museo de Arte Zapopan

Así, cada uno de los objetos del coleccionismo son historias que al agruparlos articulan una narración en donde se trasluce no solo la mirada del coleccionista sino su intimidad. La colección de Suro nos cuenta una historia fascinante en donde está involucrada la historia de familia, de emprendimiento, de amistad y de trabajo. Las piezas son historias y juntas son imagen de su dueño. Sin embargo nuestra lectura puede errar, pues no sabemos con exactitud cuáles de esas piezas son sus favoritas, cuáles tienen de frente todos los días en el comedor de su casa y cuáles portan la emociones más íntimas. Como dice Diego Lizarazo, hablando de la figuración de sí, en su libro Cuerpos inciertos, “la mirada del otro como alternativa para dar cuenta de nuestro rostro, tampoco alcanza la transparencia. La mirada que de nosotros tiene el otro está plagada de enigmas y malentendidos.”4 Pero lo que sí es claro en la exposición del MAZ es que en este caso, como en muchos otros, el objeto del coleccionismo tiene más contenido que forma, es profundo y su significación rebasa su superficie aunque ésta tenga gran reputación o sea única en su materia o atribución estética. Es decir que la materia es solo la consecuencia de su fondo.

Los coleccionistas serios reúnen el conocimiento, su gasto puede resultar muy productivo, y a pesar de que llegan a gozar de ciertos privilegios, lo que es innegable es que de las colecciones han nacido muchos museos, nutren muchas de las exposiciones que nos han educado desde siempre (como la que nos regala el MAZ). Friedrich Schiller aseguraba que el arte es la llave para la consolidación de la moral y el establishment de una sociedad libre, ya que el arte tiene el poder de sensibilizar y cultivar la compasión y la empatía para actuar moralmente de acuerdo con los principios de la razón y el entendimiento. Quizá Schiller no se equivocaba al asegurar que ‘el arte es la educación del hombre’.

La colección de Cerámica Suro se exhibe en el Museo de Arte Zapopan hasta el 13 de marzo de 2022.
Andador 20 de Noviembre 166
Zapopan, Centro. Jalisco, México.


1. Baudrillard Jean, El sistema de los objetos, México, Siglo XXI, 2003, pág. 102.
2. Idem, pág. 71.
3. Vasquez Rocca, Adolfo, El sistema de los objetos, el coleccionismo y la genealogía de la intimidad, Escáner Cultural, Revista Virtual de Arte Contemporáneo y Nuevas Tendencias.
4. Lizarazo Arias, Diego y Fabián Giménez Gatto, Cuerpos inciertos, Siglo XXI Editores, México, 2021, pág. 14

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