Cuando el idioma materno llama

Idioma materno - Apócrifa Art Magazine

Los caminos del uso del idioma materno son misteriosos e impredecibles. Un día las palabras llegan fácilmente y otros días no fluyen. En otros tantos, se cruzan los cables y la pochez interfiere. Al imaginar una escena, al describir un personaje o al momento de plantear un sentimiento, la materia prima, sin duda, es el lenguaje que deriva del idioma.

Recuerdo cuando la palabra escrita me llamó la atención. Ocurrió en mi infancia. Me divertía inventar diálogos entre personajes; sobre todo, me esforzaba para que esas conversaciones sonaran diferente a las de los cómics o las caricaturas de moda. A muy temprana edad me daba cuenta de la importancia de aprender palabras nuevas para lograr mi cometido.

Al paso de los años, me llegó la oportunidad de aprender inglés como segundo idioma. Lo que más se me facilitó desde el principio fue la redacción. Nuevamente, tuve la curiosidad de ampliar mi vocabulario para hacer enunciados con palabras diferentes, pues a la hora de hacer ejercicios en clase, todos casi siempre teníamos exactamente las mismas expresiones.

Seguí aprendiendo inglés más allá de las clases de la escuela y, cuando se me ocurrió aventurarme como escritora independiente, decidí que mi primer libro sería en ese idioma. Sentí que era algo natural. Esa primera historia que surgió en mi cabeza para convertirse en libro, la pensé desde la gramática inglesa, con todo y los nombres de los personajes y sus diálogos.

Después de haber trabajado varios borradores, un buen día me tomé un descanso escribiendo espontáneamente en español sin afán de publicar mi texto o hacer algo con él en otro momento. Para mi sorpresa, las ideas y las palabras fluyeron como nunca. Había un sentimiento mucho más latente detrás de cada palabra. En ese momento caí en la cuenta de que esto era algo que no había logrado del todo con el inglés.

Tomé conciencia de que había pasado mucho tiempo intentando escribir con fluidez en otro idioma, con otro vocabulario. Había leído mucho en inglés para aprender nuevas formas de expresión. En mi interior, sabía que era tiempo de retomar la literatura latinoamericana y reencontrar mi voz en mi idioma materno.

Llegó a mis manos un libro de Mario Benedetti con sus cuentos completos. A este autor lo había leído como poeta pero no como cuentista. Empecé a leer esta novedosa obra literaria y su estilo me hizo reír, pensar, llorar y sobre todo, me hizo maravillarme ante la riqueza del idioma español. Recordé la autenticidad con la que los escritores latinos se expresan. Estoy convencida que nada se le compara. La forma de contar historias tiene una chispa más espontánea y mágica.

Y yo, ¿por qué no habría de abrazar mi idioma materno y explayarme con tal autenticidad? ¿Por qué no proponérmelo?

Actualmente continúo escribiendo mi primer libro, el del idioma inglés. Constantemente me digo: “adelante, termina lo que empezaste. Es una buena experiencia.” Así lo es, nada en este proyecto ha sido un error. Sin embargo, tengo ya una convicción más firme respecto al uso del idioma en mi futuro en la autopublicación: me he prometido dar prioridad al español y seguir estudiándolo con la misma dedicación que el inglés. Me parece que uno no termina de conocer del todo su propio idioma. Siempre hay algo que aprender.

Invito a todos los autores a elegir el idioma que haga que su voz suene más fuerte. Así van a encontrarse a sí mismos. Si en algún momento tienen la curiosidad de probar otros idiomas, vale mucho la pena intentarlo. Es otra manera de entender el mundo.

Cuando el idioma materno llama de nuevo, es buena idea responder.

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