Neonfobia

Neón Neil Kryszak
Img – Neil Kryszak

La gente se ríe de mí cada vez que lo menciono, la mayoría cree que es un buen e ingenioso chiste, otros piensan que pretendo llamar la atención, pero casi nadie indaga un poco más. La verdad los entiendo, es un concepto que no existe en el diccionario, ni siquiera entre los inventos lingüísticos del pópulo.

Desde que tengo uso de razón hasta respirar me resulta… extraño; ¡Quién iba a imaginar que hay neón hasta en el aire! en mínimas cantidades, pero lo hay. Mi repudio a tal elemento es tan grande y real, que mi olfato percibe cuando las cantidades del mismo aumentan en ciertos ambientes. ¿Y salir de fiesta?… ¿Ir de antro, al burdel?… ¡Ni de chiste! El sólo imaginar ese rojo luminiscente colándose en mi psiquis y mis fosas nasales, me dan ganas de vomitar. Y aunque bien es cierto que muchos de los anuncios que presumen ser de neón, están compuestos en realidad de un montón de sustancias más, prefiero no arriesgar mi cordura y mantenerme lejos de las zonas donde la oscuridad es violada por semejante destello abominable.

¿Qué si entonces mi fobia es a la luz?… ¡No!… no es la luz lo que me molesta, es el Neón… todo del neón; su brillo, el calor que irradia, y ese particular aroma que se me cuela por la garganta hasta ultrajar mi lengua. ¡Sé que parece una locura! Pero claro que huele, y como todo lo que huele, también sabe. ¿Que a qué sabe?… Pues verás… en un principio es dulce, suave, casi agradable… pero súbitamente se vuelve amargo, un amargo que raspa el interior de mi cuello y los conductos de la nariz, siento como se instala en mi estómago y ahí da vueltas y vueltas, y justo cuando creo que puedo controlarlo, se vuelve insoportablemente dulzón; dirás que qué hay de malo en eso… ¡pues todo!… es un dulce severo, un dulce que hiere de tanta melosidad, me carcome las papilas gustativas y el tracto digestivo, y de repente nada… Nada… mi boca se vacía de sabor alguno, pero también de saliva; se me secan las mejillas y de tanta sequedad mis dientes rechinan y a veces siento que están a punto de desquebrajarse. Nunca me quedo a ver qué pasa después… procuro huir del sitio invadido por esa cosa, lo suficientemente lejos como para percibirlo sólo en el aire, en la medida justa para que me desagrade pero no me enloquezca… bueno… una vez… sólo una vez me quedé…

La incandescencia de su luz me atrapó, me sentí hipnotizado; sucedió lo de la sucesión de sabores… el calor se me coló por debajo de la piel, la luz atravesó mis ideas… el neón pasó de estar frente a mí a estar dentro de mí, es como si me lo hubiese tragado; me sentí inmenso y pequeño, poderoso y débil, superior e insignificante, todo al mismo tiempo… los ojos casi me revientan, las entrañas a punto de explotar, mi conciencia al borde del colapso… ¡Me quería morir!… pero entonces recordé esa teoría que dice que al morir nos fusionamos con el universo, con el espacio y las estrellas; y las estrellas están llenas de neón. Entonces corrí.

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