Grafografía

La habitación del olvido

Grafografía - Apócrifa Art Magazine
Img – Dawn Tan

Inicio. Me escribo…¿quién soy? Solicito la mirada de quien ha decidido detener el tiempo, descifrar el acertijo, la falta. Escribo sobre escribir como quien reflexiona para esclarecerse, porque escribir marca el incesante cambio del mundo; hace y deshace, es lo que es, ha y será, el tejido de Penélope que se desmonta y reinicia a la espera del retorno.

Detente, un instante, sigue, una coma, la consumación de la frase, el proyecto de un sólido de palabras que adquieren la forma de las palabras mismas. Y no hay referencia sino materialidad, trazos, letras, alfabeto. No hay sino el signo presente de la escritura, andamiaje que se arma frente a tus ojos. El tejido de palabras se confunde.

La grafomanía pura ejerce su libertad autárquica que pende en el vacío de la página, espacio de la realidad. Cada marca, cada línea es una afirmación de vida, el triunfo del misterio sobre la “no existencia”. Nada de lo que lees es concreto, y sin embargo, me lees. ¿A quién lees? Doble negación de quien se afirma en este cuarto de espejos textuales. Una combinación de palabras, el espejo que refleja este cuerpo de tinta.

Aquí, convivo en la fragilidad del sueño enunciado, en el silencio de quien guarda todas las elecciones rechazadas, que son espectros. Cada frase alberga un retrato, un fragmento de quien hurga extranjero estos renglones enunciados (tú, lector, quien me reescribes) perdido en un yo, inestable, que me desconoce, donde sólo hay precipicios, conjeturas, donde sólo hay palabras sin sentido o referencia. ¿Me reconoces?

Esto es el desarrollo. Se abre el ciclo del entendimiento, sus muertes y resurrecciones; el caleidoscopio de la lectura. Una fuga del tiempo lineal hecho de tinta digital que reafirma nuestra eternidad contenida, y la muerte acompañando estas líneas. El hombre asechado quien contiene todos los nombres perdidos en la oquedad del alfabeto y se rebela contra la conquista de la muerte.

En conclusión, el camino del texto conduce a la habitación del olvido. Entramos. Ya no es necesaria la memoria. Siempre somos diferentes. Nos leemos diferente. En ella, un reflejo de letras nos concibe. Cada palabra nos reconstruye en nuestras enunciaciones.

Es el surco donde nos abandonamos, alterados, frágiles, ambiguos. Esto es la escritura, el texto, la palabra. Aquí habitamos, aquí es la existencia, aunque yo no sea yo, aunque volviendo a la danza de las interpretaciones ya no te reconozcas: ficción o realidad diluidas en la hoja.

Sólo existe la realidad, de este texto, y fuera de él soy otros. Orfeo volvió del hades, miró a Eurídice y despertó del ensueño de la letra marcado por el deseo de recuperar lo que había perdido. Esto es la revelación de nuestra presencia: si llegaste hasta esta linea, tú y yo hemos sido el mismo. Nos perdimos y reencontramos. Tú o yo, mon fère.

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