Cuerpo transgresor

La transfiguración del cuerpo se logra cuando se escribe, cuando revela sus formas y sus significados, y nos permite acceder a las dimensiones corpóreas del deseo o del repudio...

Excrituras y transdiscursos de los cuerpos

Cuerpo trangresor
Laura Berger, Everybody, acrílico sobre madera, 40x50cm, 2017 .

Los cuerpos se han escrito desde que el hombre sintió la necesidad de plasmarse, entregarse al otro a través del tiempo. El cuerpo se convirtió en espacio, desde las cavernas antiguas hasta los lienzos y los cuadros de las fotografías que capturan al cuerpo y su tiempo. El cuerpo pues se vuelve un receptáculo para el tiempo, y podemos presenciar el devenir de la especie, sus nostalgias, sus deseos, sus miedos, a través de la fragmentación de la estancia en esta tierra, fragmentación que se vuelve instante.

El cuerpo es un cúmulo de instantes que renacen cada vez que estamos en presencia del otro, o de nosotros mismos, nuestro cuerpo nos es tan ajeno como el cuerpo contrario, el del otro que camina en frente de la acera y se revuelve con el polvo y el viento.

Cuerpo trangresor
Johanna Goodman, Imaginary beings sculptural, collage.

El arte, la tecnología, la ciencia, y la vida misma migran continuamente al cuerpo, las teorías de la materia se corporeizan cuando el espejo está frente a nosotros. Escribir el cuerpo o sobre el cuerpo es hablar del recorrido histórico del ser humano, de las marcas que han dejado las interacciones entre sentido y signo. El cuerpo es un signo de lo oculto y de lo visible, en él se hacen evidentes todos los deseos y todos los anhelos, es el cuerpo quien nos permite soñar con otros hemisferios y con otras soledades; es milenario y actual, la personificación de lo continúo.

Escribir el cuerpo es un oficio y se debe trabajar constantemente en la representación de las formas, en los símbolos ocultos en él con la finalidad de poder entender al mundo. Quiénes escriben el cuerpo logran desdoblarse de sí mismos para habitar otros espacios, realizan un viaje, el del reposo al movimiento, Transfigurarse.

Cuerpo trangresor
Mark Rothko, Sin título, óleo sobre tela, 1941.

La transfiguración del cuerpo se logra cuando se escribe, cuando revela sus formas y sus significados, y nos permite acceder a las dimensiones corpóreas del deseo o del repudio, al leerlo percibimos múltiples voces, las voces del pasado, del presente, incluso, del futuro. Sus silencios también comunican, expresan angustias o ideas apacibles sobre la vida, en el silencio del cuerpo escrito encontramos el espacio adecuado para llenar los vacíos con nuestras corporeidades.

El ser-cuerpo es aceptar sus singularidades, las potencialidades de la carne y la forma. La voluptuosidad del cuerpo radica en el contacto, en las sensaciones que provoca el otro al ser tocado, el sabor del cuerpo es el sabor de la nostalgia debido a que éste no permanece si no es en la memoria quien se encarga de reestablecer la idea del cuerpo. Somos-cuerpo cuando alguien nos recuerda y nos sabe, reconoce nuestros instantes, todos, los pasados, los presentes, y puede idear los instantes futuros, entonces el cuerpo se vuelve proyección.

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