Breves reflexiones

Breves reflexiones estéticas sobre la canción “Yo” de José Alfredo Jiménez

“Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar;
[…] lo que se pierde de nombre,
se gana de eternidad.”

Las coplas, Manuel Machado

En las cantinas o en la estación del metro Normal cuando una invidente va cantando “Deja que salga la luna” mientras pide unas monedas; en Rusia cuando un grupo de mexicanos aficionados al fútbol canta “El rey” o incluso en el espacio exterior, se ha escuchado y cantado una de José Alfredo Jiménez, aquel poeta lírico que chiflaba la melodía de sus versos al mariachi para poder cantarlos ya muy entrada la noche.

José Alfredo Jiménez
Img – Todobien Estudio® Nayeli Rojas & Oscar Reyes

Menospreciado todavía por algunos allá por 1950, escribió su primera canción “cuyos versos preconizaban lo que en adelante sería parte de su filosofía personal” (2013: 25) hasta el 23 de noviembre de 1970. “Yo” nace mientras se “ganaba la vida” como cualquier otro. Carlos Monsiváis en el Prólogo de José Alfredo Jiménez. Cancionero completo logra un valioso esfuerzo al hablar de ella (2007: 16), pero insuficiente que ayude a comprender esta primera aparición del poeta mexicano por excelencia. Entonces, ¿qué oculta más allá de lo que nos dice e intuimos?

Ella pregona el dolor que ha dejado un mal amor: “quise matarme por tu cariño/ pero volví a recobrar la calma”; pero también habla de un reconocimiento propio y de cómo ha tenido que emborracharse para soportar esa desdicha que el destino le tenía guardada: “Ando borracho, ando tomando,/ porque el destino cambió mi suerte”. Lamentándose el haberse mostrado sin engaños y que, aún así, fue olvidado por su amada. Tanto ella como el destino son cómplices que provocaron que viva borra-cho y errante, incluso soberbiamente justo por si ella decidiese volver: “yo te abandono pa’ estar parejos”; pero al saber que no puede separarse de su propio destino, le es obediente porque lo llevará a otro rumbo.

En este sentido, ¿es válido que el poeta lo enfrente así? Para Maria Zambrano en Filosofía y Poesía así lo parece. El poeta, dice, enfrenta y se arroja hacia él y “se aferra al instante y no admite la esperanza[…]: la poesía es la voz de la desesperación, de la melancolía y del amor a lo pasajero que no se quiere consolar de perderlo y de perderse. Por eso se embriaga” (2005: 33) y canta, pareciendo ser la única forma de soportar los reveses del destino, porque “toda palabra es, también, una liberación” por medio de la música que “es donde más suavemente resplandece la unidad” con lo ajeno, que ya no es ajeno, sino que va al encuentro de todos “a verter el encanto de su música sobre las pesadumbres diarias de los hombres”, llevándoles memoria y olvido, pero estando al “pendiente de otro a quien ni siquiera conoce” (2005: 43), no esperando nada de él sino pidiéndole que siga cantando sus versos para no olvidarlo. Ese es su juramento.

De este modo, podemos entrever el océano de unas palabras que parecen poco profundas y que, sin embargo, nos seducen arrojándonos hacia ellas -del mismo modo que Butes hizo al escuchar a las nereidas- para tratar de comprender lo que cantó “El jinete” para un mundo raro.


Bibliografía:
Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la Tragedia. España: Gredos, 2013.
Quignard, Pascal. Butes. España: Sexto piso, 2012.
Vv. Aa. José Alfredo Jiménez. Cancionero completo. México: Océano, enero de 2007.
Vv. Aa. Y sigo siendo El Rey: José Alfredo Jiménez. México: Sony music, 2013.
Zambrano, Maria. Filosofía y poesía. México: Fondo de Cultura Económica, 2005.

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