El imaginario de el Gato Chimney

El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado
y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes
para que las aprecie el ojo humano.
Proverbios del infierno, William Blake.

Considerado un alquimista de la imagen, el Gato Chimney explora un mundo simbólico de bestias, dualidades, metamorfosis, demonios y quimeras a través de metáforas pictóricas que parten de una percepción filosófica.

Gato Chimney, Apócrifa Art Magazine
El Gigante (2013) 130 x 200 cm, acrílico sobre lienzo.

Los primeros espacios de intervención artística para el Gato Chimney fueron las calles de Milán, lugar donde nació y trabaja actualmente. El italiano inició su primer proceso, o primera etapa, como artista del grafiti. Sin embargo, la propia curiosidad e introspección del trabajo artístico, lo llevó a volver al estudio, bajo otras condiciones creativas, para desarrollar sus habilidades técnicas de una manera trascendental.

En el imaginario del Gato Chimney abundan los seres antropomorfos que se desdibujan entre un espacio indeterminado. A través de un mundo fantástico, el artista nos lleva por escenarios medievales, en el que nos muestra animales incompletos, fantásticos, mitológicos, que no terminan por tener una interpretación concreta. Este es el hechizo, la mística, con la cual el Gato Chimney nos envuelve.

Gato Chimney, Apócrifa Art Magazine
Fuerza desconocida (2014) 80 x 90 cm, acrílico sobre lienzo.
Gato Chimney, Apócrifa Art Magazine
La otra estación (2013) 100 x 110 cm, acrílico sobre lienzo.

En las pinturas hay una celebración, pero al mismo tiempo una negación de la vida: a través de espacios melancólicos y funestos, los animales transitan por un plano que no es terrenal, sino más bien espiritual; ataviados con fastuosos vestuarios de telas solemnes, coloridas, que asemejan a monarcas, líderes religiosos, hechiceros, estos seres representan una anti natura.

Gato Chimney, Apócrifa Art Magazine
El guardián (2014) 60 x 70 cm, acrílico sobre lienzo.

La elección de los colores pasteles, en contraste con claroscuros, mitifican las presencias imaginarias. En “El guardián”, vemos a un ciervo vestido con una túnica roja, apoyado sobre un bastón, sobre su vientre cuelgan tres cuencos vacíos, sobre la espalda carga un puñado de pajareras y con una de las patas sostiene una planta. De ése lado derecho, al fondo, se reconoce el día, mientras en la otra mitad izquierda se alcanza a percibir el inicio de la noche. Allí, un búho blanco se posa sobre un árbol seco, con algunas ramas incendiándose. De éstas, cuelgan hilos azules a la vez. Debajo del árbol hay un triángulo que apunta al cielo estrellado. Para algunas culturas antiguas, el venado era un animal sagrado, vital; considerado el rey del bosque y símbolo del amanecer, representaba una bestia de naturaleza celeste y terrenal. Su cornamenta se asociaba a la luz y al fuego. El búho es una criatura nocturna, y es una referencia clara al chamanismo y a la magia. En la tradición celta, es símbolo de sabiduría que tiene conocimiento de la verdad oculta y puede ser guía para las criaturas de la tierra o del inframundo.

Ambos seres poseen un significado trascendental, más allá de lo físico. Su presencia se atribuye a otros elementos anímicos. Las dos criaturas aparecen en un espacio que representa el día y la noche, el árbol se alza como una ejemplificación del árbol de la vida. Enigmáticos, el ciervo y el búho se dirigen la mirada, sin retarse, pero conscientes de su conexión sensible.

El triángulo está ahí como representación de la proporción divina, de la unidad del cielo y de la tierra. Por ello, no es extraño que se encuentre en medio de los dos seres, como un símbolo alquímico, como una invocación del aire y de la luz.

Gato Chimney, Apócrifa Art Magazine
La base y la escala (2012), 40 x 50 cm, acrílico sobre lienzo.
Gato Chimney, Apócrifa Art Magazine
La asamblea del 24 de junio (2014), 70 x 60 cm, acrílico sobre lienzo.

Este es el juego que el Gato Chimney nos propone, una sugestión de imágenes y alegorías que inducen a la imaginación, como si se tratara de un acertijo. En dichas pinturas no existen juicios aparentes, sino sólo metáforas sugestivas que provocan más preguntas que respuestas.

El enigmático Gato Chimney no ofrece interpretaciones de la realidad, sino más bien una re interpretación de lo místico y fantástico de una inhabitada y silenciosa noche.

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