De la A a B y de regreso

La exposición de Andy Warhol en Nueva York

Es difícil creer que en Estados Unidos no hubo una retrospectiva de Andy Warhol en casi 30 años. Warhol, el favorito de los americanos, y según Art Facts (la autoridad escalafonaria del arte), el número 1 en el ranking internacional del mercado del arte, finalmente recibe con justicia una curaduría clara y amplia de quien llevó la cultura americana, con extravagancia y cinismo delirante a irrumpir la escena del arte mundial y a confrontar al arte contemporáneo. El recinto no podía ser más atinado a su trabajo y vida llevado al siglo XXI: Nueva York, el barrio chic de moda y un museo americano: el Whitney Museum of American Art.

Andy Warhol - Whitney Museum
Marilyn Diptych, 1962.

“De la A a B y de regreso” es el nombre de la exposición, tomado del título de su propio libro “The Philosophy of Andy Warhol: From A to B & Back Again”, publicado en 1975, y en el cual Andy colecciona sus reflexiones en torno de sí mismo, la sociedad, la belleza y la decadencia.

La curadora Donna De Salvo intentó mostrar al Warhol más allá de lo que todos creen que es, exponiendo su trabajo incluso antes de que Warhol fuera Warhol, y convirtiendo la exposición en el trabajo monográfico más grande que el Whitney haya hecho con más de 350 piezas.

Hay una sección, por ejemplo, con las ilustraciones comerciales que hizo en los años 50 cuando se mudó de Pittsburg a Nueva York, en donde se convirtió en un célebre ilustrador gracias a que en ese momento las marcas descubrieron que era más atractivo ilustrar sus productos de manera creativa que de manera realista.

El inicio laboral de Warhol lo marcó para el resto de sus creaciones. Ya pasado el tiempo, él mismo decía “Todavía soy un artista comercial. Siempre fui un artista comercial”. Y luego el concepto de imagen lo llevó a niveles radicales y progresistas, y lo aplicó en múltiples medios y soportes durante 40 años: pintura, dibujo, escultura, impresos, video, cine, libros, revistas e instalaciones multimedia.

Andy Warhol - Whitney Museum
Superman, 1961

En la exposición podemos ver varias series que demuestran su naturaleza innovadora, disruptora y visionaria, pero además era Warhol un analítico de la sociedad americana, un crítico frívolo y pulcro que cuestionaba con un discurso de técnica imperfecta de reproducción, de color y belleza.

La serie “Death and Disaster” recoge las imágenes tomadas por las lentes del periodismo y las recrea en un lienzo: choques de carros, suicidios, la silla eléctrica y escenas de la brutalidad de la policía sobre una marcha pacifista por los derechos de los afro-americanos (Mostrad Race Riot, 1963).

La serie “Ladies and Gentleman” son retratos que, a petición de un galerista italiano, debían ser gente anónima y evitar los transgénero y otros famosos de su círculo. Warhol mandó a sus asistentes a reclutar gente al azar a un bar donde asistían muchos transgénero, les pagaba 100 dólares la sesión de fotos, y al final no los nombró pero resultaron no ser tan anónimos, pues entre ellos estaba Marsha P. Johnson y Wilhelmina Ross, quienes han sido clave en la historia de la lucha por los derechos de la
actual comunidad LGBTQ.

La serie “Most wanted men”, que fue comisionada por un arquitecto para el pabellón de Nueva York en la feria de 1964, era un mural con imágenes de un catálogo policíaco llamado “The 13 most wanted men” (los 13 hombres más buscados), con lo que él le dio una connotación erótica al verbo “wanted” ligándolo con otra pieza llamada “los 13 hombres más guapos”. Por lo que se le solicitó a Warhol que removiera su pieza, pero en cambio, él la mandó pintar en plata. Revelando una vez más su refinada irreverencia.

Andy Warhol - Whitney Museum
Green Coca-Cola Bottles, 1962.

Y claro que no podía faltar lo que todos conocemos: aquel movimiento que, de la mano de Drexler, Lichtenstein, Oldenburg y Rosenquist, fue llamado Pop art. Pasar del dibujo a mano al esténcil, calcos, la estampa y la técnica que Warhol agregó en el arte: la serigrafía intervenida con desfases de registro, sustratos diversos, al tiempo que innovaba con repeticiones o re-impresiones de objetos cotidianos dentro del consumismo habitual: desde un billete de dólar hasta latas de comida, la serie de Coca-colas, etcétera. Y ya con un estilo forjado, encontramos los retratos de los grandes iconos pop de Hollywood: Elvis, Marilyn, Liz Taylor en serigrafía imperfecta con intervenciones de acrílico y otras tintas. Asimismo sus autorretratos, las ilustraciones de aparadores de tiendas, las latas Campbell’s, uno de sus gigantes Mao, quien entonces había sido el hombre más retratado en el mundo (otra vez el tema de repetición en un claro meta discurso), etcétera.

Andy Warhol - Whitney Museum
Triple Elvis [Ferus Type], 1963.
Andy Warhol - Whitney Museum
Mao, 1972.

Y a pesar del mensaje implícito en el trabajo de Warhol, con todo y el cúmulo de piezas, series y formatos, la narratividad de la curaduría no es tan elocuente como las asociaciones visuales y simbólicas. Warhol no era un tipo expresivo, sus impresiones sobre la vida eran más bien lacónicas. Sus piezas tienen títulos parcos, o no los tienen.

Andy Warhol - Whitney Museum
Andy Warhol, Self-Portrait (in drag), 1980–82.

Así, Warhol no escapaba a la frivolidad que criticaba, era como la piel de su cara que tantos problemas de hipersensibilidad, acné y de pigmentación le trajo desde la adolescencia cuando sus compañeros de escuela le llamaban “spot”. Su cara no tenía color pero sí sus autorretratos, sus vacas eran rosas y sus retratos tenían brochazos de colores estridentes, igual que sus flores, que por cierto nos regala la exposición en una
sala alucinante cubierta del tapiz de vacas y flores en una suerte de atracción con una fuerza magnética y alucinante.

Andy Warhol - Whitney Museum
Interview (Truman Capote), 1979.

Por otra parte se encuentran unos ejemplares de “Interview”, revista que revolucionó el género de entrevista y confrontaba al que emergía en ese momento: el Nuevo Periodismo, donde la estrella era el periodista.

Y más allá de entender a Warhol (como la curadora lo planeó), quizá se sobrepone la impresión de lo vanguardista que fue: cambió las reglas del arte contemporáneo y del periodismo; murió antes de las redes sociales, y ya abordaba con sarcasmo mordaz la imagen de las niñas ricas descontroladas convertidas en sus feligreses por conseguir la droga perfecta: los reflectores. Porque el que se acercaba a Warhol o a su taller “Factory” (de donde surgió Velvet Underground y otros artistas), conseguía fama, y él lo sabía.

Él conocía el valor omnipotente de la “pose”, incluso escribió en su “De la A a B y de regreso” que la imagen de las celebridades que el cine y otros medios proyectan es más bella que la celebridad misma, al grado que la celebridad tiene que dedicarse a parecerse a esa imagen que en realidad no es.


Andy Warhol— From A to B and Back Again estará en exhibición del 12 de noviembre de 2018 al 31 de marzo de 2019, en el Whitney Museum of American Art, en Nueva York.

“Siempre que la gente y las civilizaciones degeneran y se vuelven materialistas, exhiben su belleza exterior y sus riquezas, y dicen que, si lo que están haciendo estuviera mal, no les iría tan bien, ya que son hermosos y ricos. En la Biblia, la gente lo hizo cuando adoró el Becerro de Oro, por ejemplo, y más tarde los griegos, cuando adoraron el cuerpo humano. Pero la belleza y la riqueza no deben de guardar relación con ser bueno, porque basta con pensar en las bellezas a las que ataca el cáncer. Y en el montón de asesinos que son muy apuestos, de modo que eso zanja la cuestión.”
Fragmento de “Mi filosofía. De la A a B y de regreso”, Andy Warhol, 1975.

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