Consejos para el mejor escribir, por Alejandro González

Consejos para escribir - Apócrifa revista de arte y cultura
Img – Alejandro González

Los escritores tenemos muchas cosas dentro de la cabeza, algunas olvidadas y abandonadas
como trastos en el sótano de una casa. Cuando las recuperamos, uno se pregunta:
¿cómo ha venido a parar esto aquí? ¿Eso es mío?

Rubem Fonseca

1) Olvídate del sarcasmo, la ironía, la parodia o la sátira. Muy pocos lo entienden de verdad. Y quienes sí lo hacen, no prefieren a los principiantes, eso es seguro. Con lo que leer a Monterroso o incluso al gran Ambrose Bierce, no parece una buena idea ¿no?

2) El desajuste con la realidad inmediata es la materia prima del escritor. Razón por la cual, resulta imprescindible dedicar todas las horas posibles del día a seguir los noticiosos informativos de la televisión. También es recomendable la lectura de, al menos, los cuatros diarios nacionales de mayor tirada. Si después de todo eso, aún logras encontrar motivación suficiente para sentarte a escribir la historia de tu viaje al extranjero, o la anécdota graciosa del pueblo donde naciste, tu prosa será sublime, sin duda alguna. Recuerda lo que decía Handke: «un niño, un ser confuso, un buscador». Sin mencionar el hecho de que, en países subdesarrollados como el nuestro, ambos grupos de medios responden a los mismos intereses políticos y económicos. Con lo que, encontrarse con las mismas noticias, contadas con ligeras modificaciones, se transforma en un ejercicio que no puede más que terminar agudizando las formas del buen discernimiento, tanto como la mirada múltiple o la hipertextualidad.

3) Evita, bajo toda circunstancia, el trato con otros escritores. Enfréntate a tu soledad de la manera más estoica posible y deja de pretender que existe una fórmula mágica que todos conocen, excepto tú. Mantén tu dignidad. El esquivo destino ha empujado a miles a la locura y a la muerte, desde el principio de los tiempos. Así que, lo repito: mantén un poco de dignidad. Las asociaciones de escritores –que viven mendigando atención– sólo intentan esconder y/o disimular la perpetua mediocridad y la visible falta de ideas. Ello ya lo sabían Kafka, Wilde, Baudelaire, Duras, Sade, incluso Bouvard y Pécuchet.

4) Nunca escribas de día. El ejercicio de la alta literatura sólo puede ser alcanzado en horas nocturnas. Procura cumplir con todos los estereotipos: recurre a las drogas, a la infidelidad, al vandalismo, a la violencia o al onanismo, o a cualquier otra acción de dudosa moral que haga acudir a la sagrada inspiración a beber de la palma de tu mano, sudorosa. Y entonces, sí, escribe. Escribe como si fueras a morir con la salida del sol. O mejor aún: escribe como si ya estuvieras muerto y no le importaras a nadie.

5) Utiliza el factor sorpresa. Nunca des a leer tus manuscritos a nadie, sin excepciones. De esta manera te aseguras, mínimamente, una de las reacciones del gran público lector. Piénsalo así: si eres bueno, te lloverán las felicitaciones de forma inesperada, así como los pedidos y las entrevistas. En cambio, si eres malo, pues al menos, eres sorpresivamente malo y te queda la esperanza de mejorar con el paso del tiempo. Lo que ya es algo, claro. Pero que no se te olvide lo siguiente: el peor atributo de un texto es causar indiferencia. Lo sabían Capote, Dostoievski, Calvino, Rulfo, Anaïs Nin, Levrero y muchos más.

6) No pierdas tiempo con los decálogos, su concepción siempre es arbitraria –y no hay forma de que no lo sea–. Y por tanto, siempre circunstancial. Si de todas maneras vas a intentarlo, lee los consejos de Ernest Hemingway, Horacio Quiroga, Raymond Carver, Ray Bradbury, Stephen King, Stevenson, Flannery O´Connor, Abelardo Castillo, Mark Twain, Augusto Monterroso, Roberto Bolaño, Andrés Neuman, Liliana Heker, o el mismísimo Edgar Allan Poe. En el mismo tiempo que lees esto podrías haber leído un cuento de Roa Bastos, de Scott Fitzgerald, de Chéjov, de Arreola o de Silvina Ocampo, o acaso, algo de Clarice Lispector.

7) Viajar poco. Sólo lo indispensable o en caso de emergencia imposible de postergar: la muerte de algún pariente acaudalado; o la invitación a participar de algún coloquio o conferencia importante (siempre y cuando la organización cubra todos los gastos implicados); o ese tipo de cosas. Ten en cuenta que nada ayuda más a una prosa deslumbrante que la inmovilidad y la grisura.

8) Los editores de libros y revistas literarias son tus amigos. O al menos, pueden parecerlo, al principio. Siempre y cuando no surjan diferencias al momento del pago o de la correspondencia de derechos intelectuales. En ese caso, has de saber que te enfrentarás a tus peores adversarios. Esos demonios oscurantistas semejantes a grandes sanguijuelas sin corazón, que intentarán exprimir tus facultades al máximo, sin brindarte nada a cambio. Con lo que, harías bien en suponer que la amistad en los círculos literarios es un bien escaso. Y en tratar a a cualquier editor como amigo, pero vigilarlo como a un enemigo.

9) Corregir es falsear, es una especie de mutilación sangrienta. Si eres de los que creen que todo texto puede ser corregido, mejor deberías dedicarte a la confección de cartas astrales o al tarot, actividades muy bien ponderadas y de gran prestigio en diversas esferas sociales.

10) El cine, la música, la pintura –o cualquier otro tipo de manifestación artística similar– sólo pueden ser consideradas, en relación a la escritura, como artes menores, de segunda catadura. Son, a la vez, agentes desviadores del camino que el verdadero escritor debe ir forjando hacia la propia realización. Y por ende, claro, a la posteridad.

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