Drew Mosley vaga por el bosque una tarde de invierno. Camina sin rumbo fijo. Mira y no se detiene, observa y no para los pasos, anda y divisa del entorno la mirada triste de ojos oscuros. Se detiene y percibe que el entorno no es nada distante, es todo lo contrario, es familiar.

Sabe que deambula entre arboles, y las miradas concentradas de lechuzas varadas en las ramas, lo ven irse, los lobos que todavía no deciden irlo a emboscar, lo miran pasar, los osos que a duras penas levantan los párpados mientras están tendidos en sus cavernas, sólo perciben el movimiento de alguien que va, y a lo lejos en el cielo, las águilas calvas solo rodean el espacio aéreo mientras observan a un monolito estar allí y luego allá.

Drew Mosley, Apócrifa Art MagazineInquieto y emocionado, Drew percibe que hay una complicidad muy intima entre todos ellos, desea tenderles la mano, desea por un momento saber crear esos silencios intercedidos por gruñidos bestiales para comunicarse… Sin darse cuenta, regresa a casa porque el sol empieza a desaparecer, sin saber porqué, al entrar por la puerta de su hogar, se dirige a su estudio y se sienta en la mesa de trabajo, empieza a derramar manchas de café en distintas hojas blancas, luego agrega tinta y acrílicos en ellas, después de unas horas, se denotan en aquellas planas, las miradas negras concentradas de pequeñas bestias enmascaradas de osos y lobos, de lechuzas y águilas calvas; luego a plumazos y pincelazos construye escenarios y cuerpos de ramas y hojas, además de contornos de cuerpos desnudos: deja plasmado como los animales florecen, como la fauna y la ora son un equilibrio intimo y cómplice donde algunos mueren, otros viven, y los que restan, los que están, solo miran y contemplan; deja de rastro en sus dibujos, en sus pinturas, el universo de entrañables monstruos de mirada triste que viven en armonía.

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Termina la noche y la madrugada lo envuelve, se dirige a su recamara; mira un cuerpo tendido en la cama, se recuesta a lado de la mujer tendida en el colchón, ella abre un poco los párpados, se acurruca en él y pregunta “¿cómo estuvo tu día?” y él solo contesta “pinté lo que he visto… o por lo menos mi versión de aquello”.


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