La infinitud del universo y, sin embargo, la muerte

Avengers: Infinity War (2018)

Avengers Infinity War
Mars, Avengers: Infinity War, Ilustración 3D

Dentro de la industria del cine comercial está surgiendo una nueva era. Las narrativas ya caducas las remplazan por tramas más elaboradas, sin dejar de lado ciertos recursos “accesibles al público”.

No soy lo que podría considerarse una fan de este tipo de películas. No me gustan los refritos, ni las repeticiones de una misma franquicia. Me dan curiosidad. Las he visto porque es divertido y te distraen, pero habiendo tantas ideas originales, ¿por qué reutilizar los mismos temas y tópicos?

El fenómeno es más un problema de mercado, no de creatividad; irónicamente el modelo funciona: se consiguen ventas seguras con ganancias que duplican o triplican la inversión.

Fui a ver Avengers: Infinity War por casualidad. El resultado: me callaron la boca durante dos horas y media.

Thanos busca conseguir las seis gemas del infinito para realizar “el bien” en el universo. Esto abre una pregunta: ¿Acaso el fin justifica todos los medios? A partir de esa decisión personal, el mundo de Marvel entra en crisis.

La película dirigida por los hermanos Russo resulta inmersiva. Es una cinta con tintes épicos. Tiene de todo: drama, comedia, acción, romance, suspenso y también misterio. Además cuenta con una escenografía increíble, actuaciones decentes, personajes predecibles -pero definidos- y un antihéroe icónico: Thanos.

Detrás del guión, escrito por Christopher Markus y Stephen McFeely, la idea que sostiene al argumento es universal: nada resulta en algo permanente. La historia logra desarrollar los conflictos morales, la tensión entre el arquetipo del “bien y el mal” y las zonas gris que no aceptan tan fácilmente los lugares comunes en las películas de súper héroes. La cantidad de referencias clásicas y mitológicas, la fuerza de los diálogos, las situaciones ambiguas, y los confusos, pero emocionantes enfrentamientos del filme, me tomaron por sorpresa.

Los clichés están siempre presentes, pero suceden sin ser forzados. En conjunto, esta entrega es de lo mejor que ha realizado la compañía. No me parece extraña su enorme recepción. La gente estaba realmente emocionada. Y también yo lo sentí. Me hizo experimentar un rango de sensaciones impensable para una película de “este estilo”.

Mi experiencia acabó por volverse algo profundo: la muerte siempre nos acompaña y nada puede liberarnos de ella, pero ¿quién decide?, ¿tenemos derecho al anhelo de volvernos dioses?

Pensaba: “¿qué está pasando?, ¿cómo?”. Y sonreía porque uno de “esos churros” me había dejado boquiabierto y pensativo. Tal vez no sea la “mejor película del año”, ni su factura técnica sea impecable; seguro no llegará a los llamados Óscares, pero es una obra donde hasta los defectos te atrapan de alguna forma.

Cada uno vaya a verla y júzguela, porque a pesar de ser cine “para las masas” (yo no entiendo qué cine no ha sido para las masas) pertenece a un contexto específico, el cine de Hollywood, y, sin embargo, nos muestra otras facetas. Tal vez el arte no es más que eso: la representación de la experiencia humana.

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