Yasmin Sierra, pintora

La pintura de Yasmin Sierra Palomeque (Jijiapan, 1991) se deslinda de los discursos sociales que configuran buena medida de la producción artística en Chiapas.

…había tenido muchas decepciones en el amor y me sentía muy triste y solo porque me encomendé a San Antonio y un día llegó al pueblo un hombre y en el encontré el amor que tanto había esperado y ahora estoy feliz por lo que dedico esta pintura…

Yasmín Sierra
Yasmin Sierra, Fantasía profana.

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Una madrugada en San Cristóbal de las Casas (dejándome llevar por aquella premisa de que tal ciudad enamora, o hechiza, dado que está repleta de viajeros con ganas de intercambiar experiencias, ideas, fluidos, qué sé yo), decidí acechar un poco de amor efímero que por supuesto no me llevó a nada, y que de hecho me dejó más decepcionado de lo esperado. Así, tras un depurado ejercicio de retrospección, llegué a la cuenta de que las pinturas de Yasmin Sierra que había visto en distintos espacios de la ciudad funcionaban sin querer como amuletos en aquella aventura de gradual vaciamiento sentimental.

Yasmín Sierra
Yasmin Sierra, Díptico, Seguiré mi viaje

Amuletos que uno encuentra aquí y allá, casi por casualidad, como habichuelas para reconocer el camino de vuelta, si acaso puedo sostener que yo tenía, en efecto, un camino. Plegarias a San Antonio en medio de la desesperanza. Ritualidades del desamparo. Iluminaciones de la memoria colectiva; oscurecimientos de la historia de la pintura. Trípticos, cuadros, libros objetos que acarrean afecciones, secretos y ceremonias privadas. Encomiendas para un amor por siempre postergado. Un amor que quizá nunca llegará.

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La pintura de Yasmin Sierra Palomeque (Jijiapan, 1991) se deslinda de los discursos sociales que configuran buena medida de la producción artística en Chiapas. No obstante, su predilección por formas artísticas populares (en especial de los exvotos) se amolda con gesto sinuoso a las tendencias figurativas contemporáneas de la región. Pero nada más. La puesta en escena del ámbito subjetivo es una enunciación contundente y antagónica. La recuperación del arte clásico y religioso no es únicamente la invención de un repertorio iconográfico. Mucho menos es un acto irónico.

Yasmín Sierra
Yasmin Sierra, Aaaalmagen.

La función votiva aparece, más que reapropiada, re-creada, y adquiere nuevas connotaciones en ese trayecto que va de la resignificación cultural a la exploración del erotismo que, no olvidemos, va de la mano con lo sagrado. Enaltecer el exvoto en la era contemporánea es también una manera de contar el duelo o la dicha personal a través del duelo o la dicha de otros. Así, el remix pictórico de Sierra representa ante todo la búsqueda incesante de un lenguaje personalísimo, ya inconfundible en su suntuosa citación. En el fondo se trata de la búsqueda de una identidad en medio de la multiplicidad y espesura de los signos en el complejo panorama chiapaneco.

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El choque de referencias religiosas, artísticas y sociales en la pintura de Sierra nos obliga a repensar: ¿Qué historia habría que contar para explicar estos cuadros? ¿Será la de los devotos anónimos que aparecen de forma insistente en sus cuadros? ¿La de sus parientes en sus distintos retratos? ¿O quizá la historia del espectador que se involucra con los cuadros? ¿Y si es la historia de la pintora y las anécdotas personales que sus óleos susurran? ¿O las historias de los fragmentos que ella recoge para marmolear sus composiciones? Sin privilegiar un único punto de vista, la tesitura neobarroca de los cuadros de Sierra nos hace concebir, sin duda, la vida como collage.

Yasmín Sierra
Yasmin Sierra, El burro encantado.

Aquel perenne ejercicio que todos hacemos de cortar y pegar recuerdos y experiencias, y que el creador visual tan solo reitera en su quehacer, a fin de cohesionar los trozos y elaborar una estética del estar vivo, aunque la tarea a veces parezca, como la búsqueda del amor, francamente irresoluble. Es entonces cuando, en apuros, le pedimos ayuda al santo. A ver si nos cumple el milagrito.


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