Vulgar display of power

Hold on to the thread
The currents will shift
Glide me towards…
You know something’s left
And we’re all allowed
To dream of the next

Oceans, Pearl Jam

Vulgar display
Img – Jean Jullien

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Yo también a veces siento que tiembla, bien cabrón, bien culero y me da miedo. Pero nada se mueve, nada se tambalea. Soy yo. Eres tú, me digo, como poema de Jaime Labastida; No tengo treguas para mí. Seguramente estoy enfermo. ¿Es la diabetes de los abuelos? ¿Es la hipertensión de la madre? Algo es, estoy seguro. La semana pasada me dolió el testículo derecho como si acabaran de patearme la entrepierna. Anduve en cuclillas. Me sobaba discreto y suave porque sentía que algo se desacomodaba como si se tratara de una torre de naipes. Era terrible, la gente me miraba con repulsión, pero el dolor era más fuerte que la pena. Les tengo miedo a los doctores, no voy a ir, le dije al huevo, arréglatelas solo. Supongo el testículo me mentó la madre. Pues toma más dolor, así respondió. Prefiero que siga temblando dentro de mí, la fiesta será personal.

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Corrieron a la jefa a pesar de ella misma. Uno lamenta esas cosas porque se es parte de un alto criterio, pero hay gente con intereses en otros lados, gente rabiosa y sin temple. Si no la hubieran corrido ella ya se habría ido. El silencio del nuevo patrón genera un caos histérico y colectivo que se extiende como el moho. Ese mismo día chillaron las brujas del negocio de junto abrazadas en círculo a la fogata cuando las despidieron. El teléfono sonaba y pedíamos que le hablaran a alguien más. Pero ya no era alguien. El espantajo que odio se va a quedar, ya tiene las rodillas raspadas y la sonrisa entumida. Varios andan así. Seguramente a mí me echan. Tristes por que dejaron a unos, tristes por que corrieron a otros. Pero a los otros ya les está yendo bien, eso es bueno y aunque parecemos perros abandonados por la jefa; nos soportamos, aún tenemos la tanda de los tuppers que pagar, estamos lidiando con otra clase de fantasmas en la oficina, asuntos personales pendientes que el godinato no dejaba solucionar, asuntos que se deben arreglar en familia y sin temor al sincretismo. La fiesta ahora es colectiva.

$&”#°?(¡)%¿!
He visto a Yolanda. Está enamorada. Ya no se maquilla porque a su novio no le gusta. Ya no usa vestidos cortos y ajustados porque Rodri tiene que lidiar con tipejos. Ya no tiene redes sociales porque la gente la invita a salir. Ya no sonríe con sus labios rojos tutsipop. Ya no está conmigo. Ya no somos amantes. Ya no la extraño. Ya no la quiero. Ya se fue de mí. He seguido a Rodri. La engaña con otra que es como mi Yolis. La lleva a moteles de a trescientos por tres horas con cortinas de plástico y muebles sexuales desgastados. Sí he visto a Yolanda. Sí nos hemos besado, con miedo a la muerte. Le he dicho <<déjalo ya, ese güey no te ama como yo>>, , dice. . <<¡No lo hagas! Mejor no vuelvas tú, no te hagas el chingón conmigo>> Tiene razón. De eso tiene poco. La verdad ando triste, no quiero escribir más de ella. No quiero ver a otras mujeres, no quiero que nadie se desnude y se siente en mi carita mientras yo me vuelvo gato. No quiero nada, ¿saben? Igual que tiemble, igual que nos corran a todos, igual que el mundo haga ¡Pum! ¡Katapum! Lo que sea. ¿Cuál es el pinche miedo? La fiesta desde hace mucho que ya terminó.

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