Una mala erección

Pero un triste día desperté sin mi querida erección. Y al siguiente y todos los demás por un mes. ¿Será que no cojo desde hace dos años? Tanta chaqueta. Pensé.

I want to fuck you like an animal

i want to feel you from the inside

i want to fuck you like an animal

my whole existence is flawed

you get me closer to god.

Closer, Nine Inch Nails.

Hay días que despierto con una canción sonando en mi cabeza, las más recurrentes son “Changes”, “Under pressure”, “I want to break free”, “Mamá se está volviendo loca”, “Sin tu latido” y “Amiga mía“. Toda hecho mierda mi inconsciente. Pero aún así me levanto con mi erección de cada mañana y entro a sacudirme el sueño bajo el agua tibia de la regadera. Entonces pienso en Yolis y en sus chichitas redondas y miopes como un par de toronjas enemistadas, en sus jugosas caderas que presume orgullosa, sin recato (en ese momento recreo el deslizamiento de su ropa interior, desde la textura y el color, hasta el aroma que guarda), sus piernas con delicadas várices detrás de las rodillas, sus finos pies a los que apostaría mi boca. Me imagino con ella y pienso en un poema del Sabines (cuando era jóven preparaba mi disco de Portishead, o The Downward Spiral de Nine Inch Nails, pero ya tengo más de treinta y me dan calambres); “Lento, amargo animal/ que soy, que he sido,/amargo desde el nudo de polvo y agua y viento/ que en la primera generación del hombre pedía a Dios.”. Así son mis mañanas.

Pero un triste día desperté sin mi querida erección. Y al siguiente y todos los demás por un mes. ¿Será que no cojo desde hace dos años? Tanta chaqueta. Pensé.

“Tengo a mi pito triste :’-( ”. = 0Rt y 0Fav.

Louis Frantino, Wet lonely morning, Óleo y crayón sobre tela, 11 x 14″, 2017.

Quise ir al doctor pero me dio pena, así que mejor le conté a mi mamá. De seguro andas estresado, me dijo. ¿Tienes mucho trabajo? Ay mi’jo. Pues será eso. ¿Y ni con ayudadita? Entonces no te preocupes. ¿Te gustaron las papas con chorizo que te preparé?

Mi mamá siempre tiene razón. Lo más seguro era el estrés causado por la presentación del libro que se venía. Y es que odio las presentaciones; siempre hay alguien que se cree más inteligente ya sea en la mesa o entre el público y no pierden el tiempo en hacerlo notar. “¿Usted cree en las nuevas generaciones…?”, “si recordamos ha…”, “como decía el filósofo danés en su primera edición publicada en…” Por eso para relajarme tengo una pachita con bourbon y un playlist donde escucho el hermoso bajo de Claypool en Primus, a Jane’s Addiction, Faith No More, Black Flag, Soundgarden, Danzig, Megadeth, The Rollins Band y Sonic Youth, asi que todo puede pasar sin que raspe, incluso la ausencia de mi erección o a Yolis sin mí. Pero no fue así.

Yolanda llegó a la presentación del libro con un pegado vestido amarillo. Traía consigo a un Rodrigo al que se le habían acabado las sonrisas a lo largo del trayecto, por eso la barba y el ceño fruncido. Sólo saludé a ella e hice como si ese chango no existiera. Qué guapa, le dije. Y ella se ruborizó un poco y volteó a verlo. Comencé agradeciendo como es en esos eventos a los presentadores y a los asistentes. El lugar se llenó y tuvimos que detener la presentación para instalar más sillas. Aproveché para verla. Brazos cruzados, sonrisa grande y roja, rizos en plena libertad. Sus piernas morenas, duras, firmes como las mentiras de los dioses, las imaginé ahorcándome, sepultándome, mordisqueando su dedo chiquito, recorriendo con mis dedos como un explorador miniatura hasta donde a ella se le entrecortara la respiración. Luego continuamos, bla bla bla y al final el autor firmó los libros. Hicimos fiesta en la casa de un presentador. Fumamos y bebimos. Pero Yolis no llegó. Me fui con otra. No recuerdo su nombre y estoy seguro que ella no trato en recordar el mío. Es que mi corazón es de Yolis. Es que pusieron a Frank Zappa y le hablaron a un taxista para traer el polvo de Satanás. Y en las mañanas ya no se me para. Luego llegaron los catedráticos y empezaron a hacer cachitos el libro. Tomaban coca como si fueran albañiles. Tenían novias veinte años menores a ellos.

Yolis dijo que no vendría a trabajar esta semana, que se adelantaba sus vacaciones porque estaba enferma. Nada grave, algo que comí. En su voz se asomaba la mentira y la súplica.

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Comentario

  • Gran texto! Muy ameno y bien logrado. Atrapa al lector desde el principio. Me gustó su estilo natural y su literatura no es nada pretenciosa. Disfrute la historia con una gran sonrisa.
    Felicidades Arce

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