Robert Mapplethorpe

Fotógrafo considerado entre los artistas más influyentes y prodigiosos del siglo XX, ese es Robert Mapplethorpe, quien a casi 30 años de su dramática muerte continúa estremeciendo todas las miradas con su obra, su hedonismo provocador, pero también por su distintiva tenacidad cuando buscaba una imagen hasta lograrla.

Neoyorkino, originario del barrio de Floral Park, vecindario de Long Island de entorno conservador. Comenzó a experimentar con una cámara Polaroid, para no imaginar entonces la trascendencia de su trabajo artístico, más nunca rechazó la posibilidad de incitar hasta el escándalo. Digno representante de la contracultura norteamericana de su época.

Reconocido sin duda por su notable técnica e incansable explorador del ángulo perfecto hasta encontrar lo que él llamaba el momento preciso que lograba en una imagen, utilizó la fotografía como un medio, un camino en su personal adoración del objeto mismo y fiel amante del cuerpo humano.

En ello fincaba su argumento que contradecía todas las opiniones acerca de su trabajo, pues incluso declaró que no le gustaba la fotografía, tan solo era para él una herramienta en la búsqueda tenaz de la forma, la textura visual, la luz y sombra y por supuesto el color.

Famosos sus tres portafolios titulados “X”, “Y” y “Z”, un par de ellos criticados por obscenos, pornográficos e incluso racistas, pero nada más ajeno a la obra de este hombre de una vibrante lucidez visual, asegurándonos que no hay mejor espectador que el más sobresaliente de los exhibicionistas.

Robert Mapplethorpe, fotografías de flores

Así es el arte del tal vez más extrovertido amante de la belleza, para así encontrarla en el estudio de las flores como sustancia y forma viva. Es en su portafolio “Y” que trabaja de manera enfática en la flora especialmente en color, a través de una paleta suave pero profunda, composiciones elegantemente entregadas a la arquitectura del objeto.

Es increíble y al mismo tiempo inspirador el proceso de creación para lograrlas, con tan breves recursos, pensando siempre en obtener la mejor posición del modelo (la flor), hasta capturar ese momento en un espacio y un tiempo precisos.

Sin embargo esta serie se trata de lo menos celebrado del autor, cuando en un simple acercamiento alimenta cualquier mirada hasta atraparle para siempre.

El fenómeno surgido del contenido estético en la obra de Mapplethorpe sin importar la serie de la que se discuta, es sin error el ejercicio evocación al que pocos nos atrevemos a renunciar, sus imágenes se convierten automáticamente en esos recuerdos que enmarcan los infinitos pasillos de nuestras memorias.

Hoy tuviera casi 72 años, pero su estilo de vida vertiginosa acabó con él a los 43, irónico, en la flor de la vida, mientras tanto los museos y galerías más prestigiadas del mundo hacen gala de ambiciosas estrategias de negocio para concretar exposiciones o lograr ser poseedores de su extensa e importante obra.

Dejó un vasto legado entre 120 mil negativos, 6 mil hojas de contactos, más de 1000 imágenes impresas en distintas técnicas y una fundación en apoyo a la fotografía y la investigación del VIH; a nosotros nos dejó el simbolismo pleno y la poesía para los ojos.

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