Porca miseria

Can’t you see what you’re doin to me
You fill my heart with misery
In every breath and step I take
I’m more in love with you

The Ramones

Porca miseria, Eliana Esquivel- (1)
Ilustración – Eliana Esquivel

Anteanoche vi a Yolanda con otro. Se paseaban del brazo bajo la lluvia, no llevaban paraguas, caminaban agarrados del brazo y se miraban a los ojos como si quisieran no parpadear, como si en cada paso dejaran un suspiro, como si no hubiera gente por delante, como si el destino fuera ese instante. Yo les seguí el paso mientras fumaba y maldecía a la lluvia y a todas las cosas por igual; la gente, los charcos y sus reflejos, a mi destino incierto. Entraron a un café y se limpiaron el agua del rostro (uno al otro) sin dejar de sonreír y aprovechando cualquier momento para besarse. Me sacudí como perro debajo de un árbol, volví a fumar, sólo quedaban dos cigarros, ñangos como yo. Entonces volvieron a los labios. Le agarró las nalgas hasta hacerla parar de puntitas. Se siguieron besando. Era uno de esos besos eternos que estaba a nada de volverse un faje. El tipejo me miró a los ojos mientras le atravesaban la garganta y sonrió. Salí despacio a la lluvia, pateando los charcos, mirando para arriba y preguntándome si debería renunciar.

En la oscuridad de mi habitación, desnudo, a solas, volví a mirarla. Esta vez, entre mis manos no tendré piedad. = 0 likes, 0 Rt.

Ayer, la pinche Yolanda llegó canturreando. Su pinche sonrisa se podría ver a veinte cubículos de distancia (pero estaba a cuatro, así que estoy exagerando). Su piel lucía tan hermosa como el culo de un ángel (o como deben tener los culos los ángeles; lisos, perfectos, esponjosos, apapachables). Rodri, me ha pedido que seamos novios ayer mientras veíamos Games of thrones –le dijo a la pinche imprescindible. ¡Ay, qué padre! –alcancé a decir por encima de mis maldiciones. De seguro cogieron. A huevo. Pinche Yolanda culera. Yo la invité primero a ver la serie a mi casa. Hasta trapié y lavé el baño, a la mera me dijo nomás que le había salido otro compromiso. Y le marqué y mandé mensajes para que viniera cuando se desocupara, pero su silencio era como una patada en la jeta. Ni pude ver a gusto al enano Tyron, ni a los dragoncitos, ni a las mamis sexosas. Fumé un montón y hasta salí a su casa a ver si estaba. Sólo me ladraron los perros. Los putos perros, debo decir.

Mi amor, mi maldito amor, todo mi amor está aquí, afuera, sobre la banqueta, esperando a que abran la cantina, en los infomerciales de la media noche. Sal, búscame, no me pierdas otra vez. = 1 like, 1 Rt.

Etiquetas de la nota
, , , ,
Escrito por
Más de Ricardo Arce

Maldito día del amor

“Entonces me quedé muy solo. Eso sucede siempre que uno ama sin...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.