Dulce Navidad

Se acercaba la cena de fin de año del trabajo, venía Navidad y Santa. La pinche rifa y la lavadora que no me saqué en nueve años.
Dulce navidad - Masha Shishova
Img – Masha Shishova

Parte 1

<< Y después se desata la tormenta de mierda. >>
Nocturno de Chile, Roberto Bolaño.

Alguien tapó el maldito excusado del trabajo. No fui yo, lo juro. Sólo pasé porque me andaba vomitando y vi los pedazos de mierda flotando hasta rebasar el retrete. Me tragué mi vómito. Odié al chistoso sin conocerlo; estúpido cobarde; huevón. Me dieron nauseas porque me corrieron. Llegaron, preguntaron por mí y me sonrieron en la jeta. Eran dos, como en el cliché del policía bueno y el policía malo pero en abogados. Uno que se hacía el listo; asentía a todo lo que el otro decía y anotaba, usaba tirantes y la camisa abotonada hasta el último botón. El otro era el tonto y salvaje, rabioso, amenazante, con la corbata floja y rasurado de mala gana.

Fírmale, dijo, ya no haces falta.

¿Cómo?, pregunté, pero no valiente, sino estúpido, en realidad había entendido, pero no escuchado. Ahí me comencé a marear. Lady indispensable y lady imprescindible asomaban sus ojos chismosos, redondos como platos, sobre sus cubículos. Habitaba en la oficina uno de esos momentos como el de los sordomudos cuando sólo se escuchan discutir sus dedos y manos atravesando el silencio.

Se acercaba la cena de fin de año del trabajo, venía Navidad y Santa. La pinche rifa y la lavadora que no me saqué en nueve años. Pensaba en ella, me hacía falta porque gastaba mucho en lavandería. Seguro lo planearon todo; venir después de la comida, a la hora del mal del puerco, antes del aguinaldo, agarrarme distraído y ¡Pum! ¡Lárguese perro!, una patada en el culo. Eso me iban a dar después de mis pestañas y mis sueños sacrificados detrás de un escritorio.

Asquiusmi, insistí.

Esta es tu renuncia, fírmala, por favor, debo entregarla antes de las cinco de la tarde, dijo el abogado sensato.

No, cómo crees ¿por qué?, aquí yo hago todo, ¿saben quién soy?, ¿no se habrán equivocado? Ésas son las que no hacen nada. Les aseguré señalando en dirección a las ladys que escondieron sus cabezas como topos en el jardín.

¿Ellas se llaman Marcos Moreno?, porque eso dice aquí; “Jefe de Sección A” C. Marcos Moreno Milla, con M de mamón.

Oiga, no se pase. Y leí: En acuerdo tal, con fecha así y asado, el pendejete este que bla bla, deja de bishi, bishi, shalalá. El instituto tal se compromete a ni madres. Oiga, no, aquí ni si quiera viene lo de ley, apenas un mes de…

Y di que te vas rayado.

Eso no alcanza ni para un verso. Dije o pensé, a veces mis pensamientos se salen sin permiso, a veces sólo hacen su gracia dentro y yo nomás sonrío a lo menso. (Sí, también tengo rimas baratas.)

Por favor; firma, no queremos proceder a otros recursos legales, si no lo haces mañana no podrás entrar al edificio. El sensato se veía amarillo, podrido, como si le hiciera falta una línea para aterrizar o despegar, tenía prisa pues.

Es un edificio público, es anticonstitucional hacer eso ¿Así quieren que firme, sin invitarme un café, sin sacarme a bailar una vez? ¡No, cómo creen! Primero le hablo a mi abogado. ¿Puedo hablarle a mi abogado? Asintieron. El malote sacó un cigarro. Era una trampa, yo también quería fumar. Entonces la cabeza me dio vueltas, sentí murciélagos revolotear en mi panza. La verdad es que no tengo abogado. La verdad es que quería regresar el estómago. No voy a llorar como la changa esa, la bruja aquella, el adefesio aquel: No. Voy a vomitar. Eso, sacar tripas, mojarme la jeta, cachetearme como un boxeador antes de la lucha. Eso.

¿Dónde encuentro a un abogado?

El piso olía a mierda desde afuera. Conforme te acercabas al baño el olor se impregnaba en tu cuerpo, lo que hacía que te revisaras los zapatos. Al abrir la puerta descubrías la mierda flotando sobre el retrete formando una “S” perfecta. El cagón era un artista. Seguro fue el idiota de Eder de mensajería. Traía chismes, repartía bilis, era cizañoso, machín y se quería dar a las becarias; un puerco. Lo fui a buscar. No estaba. Me encontré a Mayra.

¿Sabes dónde anda el pinche Eder? Dejó cagado todo el baño.

Ay no, manito, qué asco, pero no pudo ser, anda de permiso, fíjate que lo vinieron a buscar de su pueblo porque dicen heredó una fortuna, oye ¿y ya firmaste? Todos andamos intrigados…

Pero sí acaban de subir…

Uy nosotros nos enteramos desde la semana pasada que te iba a pedir tu renuncia, ¿no te dijo Merlinda? La pinche imprescindible, pensé, maldita, repensé. A Merlinda también la van a correr.

Ahorita le digo.

Regresé a la oficina. Todos se miraban en silencio. Con cara de incógnita. Los abogados charlaban entre ellos desinteresados sobre el partido de basquetbol del fin de semana.

Y bueno ¿qué te dijo tu “abogado”? Preguntó el que se hacía el malo con su tonito irónico y con media sonrisa entre los labios. Extendió nuevamente los papeles y dejó delicadamente una pluma Bic sobre ellos.

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