Dulce Navidad

Masha Shishova, Dulce navidad
Img – Masha Shishova

Parte 2

Diciembre me gustó pa’que te vayas,
que sea tu cruel adiós mi navidad.
No quiero comenzar el año nuevo
con ese mismo amor
que me hace tanto mal.

José Alfredo Jiménez / Amarga navidad

Le decíamos Jhon, Richi Jhon, porque de todo se quejaba; de la calor, del frío (pinche Morelos qué mierda de frío va hacer, le decía), del café ñango de la oficina, de las distancias a caminar, ‘etztera’. Pinche Jhon, aliviánate, puto. Pero ese güey traía una tristeza rara, se reía pues, echaba coto y eso, pero no hacía más.

Al Jhon le conté de mis cuitas con la Yolis (madre de Zeus). Y él pues como que pelaba y como que no. Fue el primero al que le dije que me habían corrido. Se enojó, no lo había visto así. “Pues es que nos van a correr a todos, se van a quedar con los pendejos y con los lambiscones” dijo, muy seguro de él “entonces si me quedo ¿qué chingados soy?” y se volvió a poner triste. Pues me voy en febrero, chinguesumadre; le dije al mero estilo Bichir. Luego fumamos y ya nada pasó. La verdad me sentí triste por mí, me di lástima, me preocupé, no quería ser parte de la estadística pero seguro podría tener unas vacaciones pagadas con mi mamá. Y después irme con mi tío a trabajar en su oficina de investigaciones privadas, siempre me estaba diciendo que necesitaba gente. Aún así la tristeza no se me iba.

La fiesta de fin de año fue como mi despedida. Era en secreto, pues nadie me llevó regalos o me abrazó o se lamentó por mi partida, o me dijo algo, o se sentó conmigo. Digamos que yo me andaba despidiendo con la firme intención de ponerme una pedota, de cruzarme con tachas, de bajármela con coca, de ponerme bien marihuano, de vomitar el tequila en la fuente, de maldecirlos a todos. Y la fiesta así iba, tomando su ritmo. Primero busqué a los millenials para gorronearles las tachas. Hablaban de aplicaciones y ligues en Tinder. Lo bueno de las tachas es que cualquiera las trae y no apestan como los marihuanos, sólo te abrazan mucho, tocan cosas pendejas y suavecitas y así andan por la vida.

Entre mis planes estaba el mentarles la madre a las lady’s imprescindible e indispensable. Decirles “¿saben qué?, váyanse a la verga” o algo así, la verdad no tenía muchas ideas sobre cómo despedirme de ellas y lo que circulaba en mi cabeza era llegar, plantarme delante y escupirles esas palabras. Pues eran bien odiosas, igual y ni les decía nada. Lo único que extrañaba un buen era a mi bella Yolis. Un día antes le escribí en Twitter: “Oye, ya me mandaron ALV de la ofi. Mañana es mi despedida en la fiesta de finde. Jálate y nos damos cariño amargo.”

Me dejó en visto.

Fui al baño y encontré al de informática. Se mochó con un par de rayas. El que es perico donde quiera saca. En el baño andaba el Fili, joteando con los custodios. Estaba bien borrachote. “La boca no tiene sexo, nomás cierran los ojitos y ya, ahí vemos”, les decía. Y entre ellos se echaban al Fili, tú primero pues, no, si a mí no me gustan los jotos. Ay, pues ni a mí, respondía y reían y le enseñaban la pinga. La coca me da un algo en el hocico que me hace morderme los labios una y otra vez. Me gusta, pero es bien pinche cara y dura bien poquito, a la hora tienes que regresar por más y luego a la media, y así hasta que te la pasas con la nariz pegada en la mesa o el lavabo o exprimiendo las encías.

Me encontré con lady imprescindible; la chichona que parecía tapón de alberca, junto con la indispensable; la flaca alta y jorobada que reía como si mataran una rata. Traían vestido de noche, de esos de boda. Yo no entiendo por qué las godínez se visten así en las fiestas. Con vestidos brillosos y abombados, tacones y peinados con rulos. Si no son quince años pues. ‘Tan locas. Ahí estaban las dos con su cubita con popote, sin pena, con cara de fuchi y los brazos cruzados.

¿Cuándo te vas, pendejo?, me dijo una.

Cuando se acabe el alcohol, cara de mico.

Quisieras, puto. Pero decía de la oficina. Me debes.

Perro, ¿qué te debo?

Lo que te presté la otra vez para tu tarjeta.

A mí también me debes los informes de fin de año. Si no me los das no te firmo la entrega.

Ah, sí cierto. Mañana. Oye, ¿ése que está arriba no es el Jhon? Les dije, pues vi que ahí estaba Richi en lo alto del edificio, tambaleándose con una botella. Vergafa de jirafa, se va aventar. Pero las ladys no me pelaron y se pusieron a platicar con un par de gorditos calvos que venían de traje, eran los pinches güeyes de jurídico.

Me fui a ver al Jhon.

Cuando estás borracho tres pisos son un chingo, más sí los subes corriendo con una botella y un cigarro. Lo bueno es que llevaba mis Converse.

¡Jhon! Le grité, ¡no te tires, pendejo! Pero cuando llegué ya no estaba. Ya se había bajado por el elevador. Ahora el que estaba arriba, con una botella, viendo hacía el absurdo, era yo.

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